Vol.
48

143
2022
resena1

Construir y habitar, de Richard Sennett: por un nuevo ethos urbanístico para vivir juntos

 

Título libro: Construir y habitar: Ética para la ciudad

Autor: Richard Sennett

Edición: Anagrama, colección Argumentos, 2019 (430 págs.)

isbn: 978-84-339-6433-5

 

José-Francisco Vergara-Perucich. Universidad de las Américas, Santiago, Chile.

E-mail: jvergara@udla.cl

 

Si bien antes de esta publicación Richard Sennett ya era una figura prominente de la escena intelectual mundial para las disciplinas urbanísticas, la pertinencia y sentido de contingencia de Construir y habitar le permitirá ampliar su figuración en los syllabus de diferentes escuelas a nivel mundial, ya sea para articular una crítica a sus argumentos, abrazar las diferentes preguntas que surgen de su obra o ensayar respuestas a ellas. Como sociólogo, su interés en los aspectos materiales de la sociedad ha permitido abrir campos de estudio desde las disciplinas espaciales hacia la sociología y desde la sociología hacia lo construido de las ciudades, interactuando con la crítica cultural, historia y las propias prácticas cotidianas de lo urbano, tanto a la hora de pensarlo como también de vivirlo. Este libro, es una expresión de apertura interdisciplinar sobre la vida urbana contemporánea y futura, apunta hacia un cambio en la convivencia en el hábitat que nos salve de la debacle (aparentemente) inminente por la emergencia climática y las crisis institucionales a nivel global. Situado en el Homo Faber, Sennett presenta a la persona que desarrolla una práctica en la ciudad, una mirada compleja y en constante conflicto con lo que ha desarrollado en sus obras previas: El artesano y Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación; primero reflexionando sobre el hacer de la persona, luego sobre el hacer en la colectividad y el hacer en la ciudad, que es de lo que trata este último libro de la serie. Dicho esto, Construir y habitar no es una obra sobre la ética, como se podría esperar a partir de su subtítulo, aunque sí ofrece diferentes cuestionamientos éticos de cara a los desafíos urbanísticos en el futuro próximo.

Quizás uno de los aspectos reveladores de esta obra de Sennett se describe en la introducción, donde el autor explica que una apoplejía le hizo entender el espacio de otra manera: a partir de limitaciones físicas que antes no conocía, comenzó a relacionarse con las propias limitaciones que la ciudad impone a causa de diseños urbanos deshumanizantes. Ciertamente es una obra muy personal, con muchos relatos en primera persona y reflexiones arraigadas en la experiencia del autor. Desde esa postura, Sennett clama por una urbanística que surja de una nueva empatía de parte de los urbanistas, quienes deben generar un cambio en el ethos urbanístico para una muy necesaria rehumanización de las ciudades. Este es un libro de cuestionamiento disciplinar en un momento fundacional de cara a la crisis sanitaria que enfrentarán las ciudades luego de la pandemia del nuevo coronavirus, de las urgencias del cambio climático y en plena crisis de los modos de hacer ciudad previos.

Como en toda la obra de Sennett, el libro interactúa con diversas fuentes de conocimiento para ir entregando el mensaje que busca instalar, relacionando a grandes filósofos y pensadores modernos con casos específicos y situaciones cotidianas, alternando lo intelectual con lo cotidiano, produciendo una respetuosa relación de educador con el lector, sin con ello caer en la arrogancia aunque sí en la exuberancia, a veces innecesaria, en el cruce de fuentes. El libro es una crítica a los modos irreflexivos de hacer ciudad. Para ello, produce una diferenciación entre los conceptos en francés de ville y cité, donde, a modo sintético, el término ville se refiere a los aspectos materiales del entorno urbano, mientras cité apunta a las relaciones específicas que ocurren en la vida urbana, las cuales cargan de sentido humano a la ville. Entonces, a partir de estas definiciones, la ética de la ciudad en esta obra se puede entender como la relación dialéctica y tensa que se establece entre la ville y la cité, entre lo que se construye y el habitar, donde urbanistas, arquitectas y arquitectos, quienes dan forma al hábitat, no pueden desentenderse de cómo se habita, considerando que el rol de quienes diseñan la ciudad es clave para que en ella se pueda vivir dignamente. Es el ethos de quienes están encargados de dar forma a la ciudad lo que se sitúa en el centro de la crítica de esta obra. Si bien Sennett no termina por configurar una definición de la ética para la ciudad, y a ratos pareciera que confunde ética con ethos de forma alternada, las preguntas que plantea detonan diferentes reflexiones éticas, altamente valiosas para que, en otra obra y en otro formato, se pueda avanzar a definir más precisamente una ética para la ciudad.

El libro cuenta con una introducción bastante personal y reflexiva del autor, seguida de cuatro capítulos que van desde la definición del problema de estudio, sus contradicciones y oportunidades, para terminar con un capítulo que plantea los desafíos más relevantes que enfrentará la ética urbanística en los próximos años. La última parte es una conclusión sobre la importancia de entender la ciudad como una entidad compleja en constante conflicto, cuya apertura es clave para asegurar la riqueza de la vida urbana.

El capítulo titulado “Las dos ciudades” expone cómo durante el siglo xix tuvieron lugar proyectos de ciudad basados en transformaciones del entorno construido tendientes a cambiar el comportamiento social, pero que fueron incapaces de contener la energía del habitar social. En esta perspectiva diferencia la ville, como objeto de proyectos que buscaban generar un nuevo modo de habitar a través del entorno construido, de la cité, donde, mediante el uso del espacio, se les otorga nuevos significados a dichos intentos de controlar la vida pública. Sennett plantea que existe un vacío en lo teórico para entender la relación entre lo construido y el hábitat, vacío que constituiría una de las principales debilidades del pensamiento urbanístico, el cual, ante la escasez de articulaciones entre ambos enfoques, no ha logrado hasta el día de hoy generar una ciudad granulada y a escala local con los mecanismos de planificación metropolitana existentes.

El segundo capítulo, titulado “La dificultad de habitar”, se centra en las contradicciones experimentadas por las personas en sus intentos por generar un sentido de pertenencia con los entornos urbanos donde viven. Este es un capítulo sobre la empatía entre quien diseña y quien habita, y se desarrolla a partir de las experiencias del autor en diferentes ciudades del mundo. Los problemas étnicos, migratorios y la propia fuerza imponente que significa una metrópolis construida sobre el acto de habitar ilustran, en diferentes aproximaciones, con escenas de evasión de la interacción que ejercen las personas en diferentes casos, para también revisar los efectos del encuentro y la fricción en la vida urbana como situaciones fundamentales para que la experiencia de vivir en la ciudad sea más densa en cuanto a la riqueza propia de vivir socialmente.

En “Cómo abrir la ciudad”, Sennett asume ciertos riesgos y plantea algunos caminos orientados a resolver el difícil proceso de producir una nueva ética para la ciudad. Al respecto, logra activar la relación entre el habitar y lo construido desde las prácticas urbanísticas, desarrollando un proceso participativo de coproducción entre urbanistas y ciudadanos, para llegar al punto en que la ciudadanía toma el control total del proceso de diseño, en un guiño no reconocido por Sennett al derecho a la ciudad como principio ordenador de su propuesta. Según Sennett, es fundamental considerar la mirada de los migrantes en la ciudad para entender cómo diseñar una ciudad más abierta, dado que justamente los migrantes, quienes están en la búsqueda de construir un sentido de pertenencia urbana, tienen más claridad sobre dónde están los espacios que permiten construir dichos sentimientos y dónde es más difícil. Promoviendo un fortalecimiento del rol del diseño urbano, Sennett indica que un espacio público permeable, abierto y variado, en constante transformación, es clave para lograr la apertura que necesitan las ciudades. Uno de los aspectos pendientes de este capítulo es la reflexión sobre las Smart Cities, en especial sobre las tecnologías de información. Si bien son observadas de forma crítica por Sennett, no logra precisar cómo su desarrollo afecta los modos de habitar en la ciudad, o al menos dicha reflexión no es del todo clara en este capítulo. De todos modos, resulta interesante la diferenciación entre una Smart City cerrada —orientada al control de las personas—, frente a otra abierta, donde las personas ejercen control sobre los datos.

En “Ética para la ciudad”, Sennett genera una reflexión específica sobre el cambio climático y la necesidad de repensar las ciudades desde los problemas que se vienen, con especial énfasis en la gestión del agua, tanto en relación con el aumento del nivel del mar como respecto de la escasez del agua producto de la sequía y de las inundaciones a causa de intensos episodios climáticos cada vez más reiterativos. Con base en estos problemas es que Sennett ensaya una mirada kantiana a la solidaridad con la que se debiese vivir en la ciudad, limitando la necesidad de interacción para fomentar la posibilidad de hacer cosas sin que estas actividades interfieran en las ganas de otros de hacer otras cosas. Esta mirada liberal de la ciudad abierta desarrollada en este capítulo termina por determinar que, para Sennett, la ética para la ciudad tiene que ver, justamente, con una lógica individualista en la práctica pero respetuosa de la otredad, en un argumento poco novedoso y ciertamente algo sorpresivo después de cómo se desarrolló la obra en los capítulos previos. Los guiños al derecho a la ciudad se terminan por diluir cuando la respuesta que propone Sennett yace en cada persona, eliminando del análisis la cruda cara de la desigualdad estructural que ha perpetuado formas urbanas útiles al capital que, de no mediar cambios profundos, difícilmente se resolverán llamando únicamente a la consciencia de los actores involucrados. Siendo una obra de gran riqueza, este último capítulo es más bien voluntarista en su propuesta, pero se agradece el intento de Sennett por generar una idea de ética desde la cual avanzar.

Sennett sitúa como fundamental para la vida urbana la complejidad, la variedad y la apertura, indicando al respecto que un urbanismo exclusivamente orientado a la renta del capital termina por reducir esos valores fundamentales, adecuándolos a los objetivos específicos de un buen negocio urbano, lo que justamente puede terminar reduciendo la complejidad de los entornos urbanos, aumentando la monotonía del espacio construido y enfocándose con exclusividad hacia aquellos que pueden pagar la vida urbana en la ciudad. En esa tensión, la ciudad construida y materialista se impone a la ciudad vivida y humanista. La ética para la ciudad a la que Sennett llama no es la ética revolucionaria ni conservadora, sino una especie de balance que no termina por coordinarse con las contradicciones de la actual ética del hacer ciudad que la misma obra sitúa en un punto crítico. Por momentos, el libro ofrece un diagnóstico dialéctico de la crisis entre el construir y habitar y pareciera ser una reversión de La revolución urbana de Henri Lefebvre (quien, raramente, no es mencionado en el libro), con todo ese tinte marxista heterodoxo revolucionario; pero luego, a la hora de ensayar sobre la ética para los urbanistas, el lector puede quedar con un sabor a Nueva Agenda Urbana de Naciones Unidas, sin más que reformismos y llamadas a la consciencia de quienes, mediante el uso del capital, financian la forma urbana en que vivimos. Aun así, Sennett logra proponer, sin caer en pragmatismos. Es una obra que invita a los urbanistas a salir de la zona de confort tecnocrático en que muchos permanecen, para reflexionar sobre sus acciones y prácticas desde una distancia más filosófica que técnica. En este último ámbito, clave en el libro, se da también la principal carencia de una obra rica en información, reflexiones y preguntas para el quehacer disciplinar, pero débil en propuestas, las cuales dejan la sensación de ser repeticiones de ideas desarrolladas por onu-Hábitat o el mismo Banco Mundial. Quizás Sennett pudo tomar otras decisiones en los capítulos 3 y 4 que fuesen más alineadas con los capítulos 1 y 2, de gran valor argumental. Es una obra demandante, la que será esencial en discusiones con estudiantes de posgrado en disciplinas sociológicas y urbanísticas, dado que en una época en que el liberalismo se encuentra en crisis, la radicalidad sobre las propuestas urbanas puede generar críticas a los postulados del libro mucho más imaginativas, siendo este un excelente punto de partida para enmarcar las necesarias discusiones de cara al urbanismo del futuro.

vol 48 | no 143 | enero 2022 | pp. 1-5 | reseña | ©EURE

doi: 10.7764/eure.48.143.17 | issn digital 0717-6236

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Vergara-Perucich, J. (2022). Construir y habitar, de Richard Sennett: por un nuevo ethos urbanístico para vivir juntos. Revista EURE - Revista de Estudios Urbano Regionales, 48(143). doi:https://doi.org/10.7764/EURE.48.143.17
Vergara-Perucich, José-Francisco. "Construir y habitar, de Richard Sennett: por un nuevo ethos urbanístico para vivir juntos." Revista EURE - Revista de Estudios Urbano Regionales [Online], 48.143 (2022): s. p. Web. 17 ene. 2022