Vol.
41

124
2015
8. Matossian

División social del espacio
residencial y migraciones.
El caso de San Carlos de Bariloche, Argentina

Brenda Matossian. Investigadora Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (conicet), Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (imhicihu), Buenos Aires, Argentina.

resumen | El espacio intraurbano en las ciudades contemporáneas de América Latina acusa profundas divisiones sociales, dado el tipo de desarrollo que han tenido bajo los modelos neoliberales imperantes. En este artículo se analiza la ciudad como parte de un devenir histórico-político particular, desde un enfoque multidimensional en el que se hace especial énfasis en la relación establecida entre las divisiones territoriales internas y el componente migratorio de la población. San Carlos de Bariloche (Patagonia argentina) posee una heterogénea composición étnico-cultural, fruto de diversos flujos migratorios internos e internacionales. Profundas y complejas distancias materiales y simbólicas separan la ciudad turística (la “Suiza argentina”) asociada a una elite nutrida por migrantes internos urbanos y europeos, de la ciudad de “El Alto”, donde migrantes internos rurales y chilenos se han asentado en barrios populares. La relación clase-origen se entrelaza en una división social del espacio residencial, que se profundiza y produce segregación urbana y refuerza las tensiones.

palabras clave | segregación urbana, movilidad humana, Patagonia.

abstract | The intra-urban space in Latin American contemporary cities shows deep social divisions, given the type of development they have undergone under neoliberal models. In this article the city, as part of a particular political and historical evolution, is analyzed from a multidimensional approach with special emphasis on the relation established between internal territorial divisions and the migratory component of the population. San Carlos de Bariloche (Argentinean Patagonia) has an important heterogeneous composition of ethnic and cultural diversity, as a result of different internal and international migrations. There are deep and complex material and symbolic distances which divide the tourism city (the “Argentinean Switzerland”) associated with an elite integrated by urban internal and European migrants, from the “El Alto” city, where Chilean and rural internal migrants have settled in working-class districts. The class-origin relationship is woven into a social division of residential space which deepens and strengthens urban segregation and builds up tensions.

keywords | urban segregation, human mobility, Patagonia.

Recibido el 30 de junio de 2013, aprobado el 28 de abril de 2014

E-mail: bmatossian@gmail.com

Introducción

Las Ciencias Sociales y, dentro de ellas, la Geografía en particular, han buscado comprender los cambios que la movilidad humana introduce en los espacios y en las sociedades. Dentro de esta amplia temática emerge el interrogante acerca de las modalidades de inserción socioespacial de los migrantes en las ciudades; dicho de otro modo, sobre la relación entre el proceso de división social del espacio y el componente étnico-cultural o etnonacional (Wacquant, 2007). Esta inserción se estudia en este trabajo a partir de la noción amplia de división social del espacio urbano, entendida desde la perspectiva propuesta por Duhau (2013), como la desigual distribución de distintos grupos sociales, definidos sobre todo en términos de clase o estratos sociales, pertenencia étnica, características raciales y preferencias religiosas. Se suele utilizar esta definición para otro concepto clave en los estudios urbanos, como es el de segregación urbana, tal como señala Schteingart (2001). Sin embargo, el concepto de segregación urbana suele tener una connotación “fuerte” y negativa que avanza más allá de una mera división del espacio residencial. Según Duhau (2013), se habla de segregación urbana cuando dicha división social del espacio es producto de una medida coercitiva. A lo largo del análisis de este trabajo, se buscará poner en tensión estas diferencias conceptuales, cuyo trasfondo teórico-metodológico es innegable, a través del estudio de un caso particular, el de la ciudad de San Carlos de Bariloche. En este sentido, cabe aclarar que la noción de segregación será analizada en un sentido amplio del concepto, que trascienda el análisis propiamente cuantitativo y se extienda hasta los abordajes subjetivos de esta división.

Interesa analizar el modo de inserción urbana de los migrantes en el marco de la manera desigual en que se produce la expansión de la ciudad. Se trata, por lo tanto, de una problemática multidimensional y compleja, ubicada en una intersección entre los estudios urbanos y los migratorios. Mientras que ambas temáticas han recibido, por separado, un profundo interés académico en las últimas décadas, la relación ciudad-migración no ha sido tan estudiada aún. En este sentido, Otero y Pellegrino (2003, p. 81) afirmaron que en los estudios migratorios se ha simplificado el tratamiento de algunos aspectos, dentro de los cuales la segregación urbana de los migrantes se destaca por su “subdesarrollo relativo”.

Cabe explicitar dos decisiones teórico-metodológicas que traslucirán a lo largo de este estudio. La relación ciudad y migración es el centro de interés primero, pero no de modo aislado, sino en su imbricación con dos ejes: el histórico y el económico-político. Esto en la convicción de que el estudio urbano se debe realizar en su contexto. La ciudad es resultado y protagonista de un proceso histórico con sus especificidades, heredera de tensiones culturales y políticas que definen su constitución e influyen en su devenir. Tal como afirma Musset (2009) “a pesar de las transformaciones recientes y a veces brutales, el espacio obedece a ciclos largos, escondidos detrás de ciclos más cortos, que influyen directamente sobre la organización actual de los territorios” (p. xiv). También Capel (1997) acentúa la importancia de estudiar la ciudad en perspectiva histórica al afirmar que “necesitamos saber más sobre los procesos de exclusión social y espacial en nuestras ciudades. Y eso en el pasado y en la actualidad. El pasado puede mostrarnos situaciones que ya se han dado, y permite relativizar la situación actual. El presente porque aquí radica la clave del futuro. De que seamos capaces de hacerlo dependerá el futuro de nuestras ciudades y la convivencia pacífica de la sociedad” (p. 26).

En cuanto al eje económico-político, se busca evitar el estudio de la ciudad como un conjunto abstracto y reductible a un compendio estadístico donde las relaciones de poder no son puestas en perspectiva. La profundización y polarización de las divisiones sociales de espacio en las ciudades contemporáneas en América Latina se produjo a partir de su tipo de desarrollo bajo modelos neoliberales, lo que hace innegable la importancia del modelo de desarrollo en el espacio urbano. Como bien destaca Núñez (2002) “la propiedad de la tierra, valorizada económicamente, conjuntamente con las políticas del Estado, se constituyen históricamente en las determinantes de la estructura urbana”. Es por ello que, sin intentar exhaustividad en estos dos ejes, se mantendrán cercanos al análisis.

Se trata, entonces, de una propuesta que busca integrar las dimensiones física, socioeconómica y cultural del interior de la ciudad, en clave histórica, para facilitar la comprensión de las modalidades de distribución de la población según clase social y origen y las problemáticas desigualdades presentes en esta división social del espacio residencial. La segregación urbana se presenta como una base teórica útil para el estudio de estos procesos.

Segregación urbana y origen de la población: aportes desde la teoría

El estudio de la segregación urbana tiene su primer antecedente en las investigaciones de ecología humana desarrolladas por la Escuela de Sociología de Chicago a partir de los años veinte del siglo xx. Se centraron en el análisis social de la ciudad y en las consecuencias de los procesos migratorios en el espacio urbano (Park & Burgess, 1925). Décadas más tarde, los sociólogos urbanos de la Universidad de California, conocidos como la Escuela de Los Ángeles, buscaron determinar áreas sociales homogéneas identificables en el medio urbano, en el marco de la teoría del cambio social (Shevky & Williams, 1949; Shevky & Bell, 1955; Tryon, 1955). Estos estudios introducen en su marco teórico instrumentos de análisis complejos, como los empleados en la llamada ecología factorial: Análisis de Componentes Principales, Factorial, de Correspondencias, Conglomerados, Discriminante, Escalas multidimensionales, entre otros.

Los estudios vinculados con la segregación basada en cuestiones de “raza” fueron abordados desde la escuela francesa, especialmente centrada en el apartheid sudafricano. En las ciudades norteamericanas se analizaron con intensidad los procesos de cambio asociados a la suburbanización, en especial mediante la formación del slums, reconocidos como barrios centrales deteriorados, con altos niveles de hacinamiento y bajos niveles de ingresos, espacios residenciales de antiguos inmigrantes y sus descendientes (afrodescendientes, mexicanos y puertorriqueños). En la década de los ochenta, la dicotomía entre la población de los suburbios y la del área central fue concebida como una importante fuente de conflicto en aquel país.

En la Argentina, se destacan los trabajos de Baily (1985, 2003) sobre patrones residenciales de concentración por origen, tema que retomaron Otero y Pellegrino (2003) al comparar patrones residenciales de inmigrantes europeos en Buenos Aires y en Montevideo.

Los estudios pioneros de Massey y Denton (1988, 1989) abordan la segregación residencial de la población negra e hispana en setenta ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica y proponen indicadores cuantitativos para medir sus dimensiones. Desde mediados de los años ochenta, con el estudio de Jackson (1985), que propuso examinar la segregación a través de las prácticas cotidianas de los migrantes en las ciudades, el análisis de la segregación urbana tomó nuevas direcciones, más abiertas a enfoques cualitativos.

En el marco de la posmodernidad, la noción de segregación ha significado nuevas aperturas epistemológicas en las Ciencias Sociales y en la Geografía, tomando distancia del estudio clásico anclado en la Ecología factorial y permitiendo una representación del espacio más compleja, que considera diversos aspectos del habitar urbano (Brun, 1994; Grafmeyer, 1998; Caprón & González Arellano, 2006). Los conceptos clave para instrumentar su estudio son las prácticas, representaciones y apropiación del espacio. Como definió Brun (1994), “la notion de ségrégation, au sens strict, inclut l´idée de discrimination, ou du moins en est très proche” (p. 24). En esta línea, Grafmeyer (1998) señala como procesos de segregación, la intención segregativa y el resultado colectivo que emerge de una combinación de comportamientos individuales discriminatorios sin deseo de segregación (“discriminación limitada”: elegir a sus vecinos).

Se entiende en este sentido la segregación residencial como un recurso instrumental deliberadamente buscado (Boal, 1998); de allí su riqueza y utilidad para estudios migratorios: se trata de una búsqueda del “entre sí”. Aquí las identidades “emergen en el juego de modalidades específicas de poder y, por ello, son más un producto de la marcación de la diferencia y la exclusión que signo de una unidad idéntica y naturalmente constituida (…) las identidades se construyen a través de la diferencia, no al margen de ella” (Hall, 2003, p. 18). Estas afirmaciones nos introducen en la problemática que contiene la tensión identidad-poder en el espacio urbano.

Siguiendo esta evolución del pensamiento teórico, “estar segregado no significa ya vivir en un gueto aislado y homogéneo; ahora pasa por la capacidad de las personas y los lugares para integrarse y acceder a la ciudad, por medio de múltiples estrategias, movilidad, accesibilidad, redes sociales, nuevas tecnologías, etc.” (Caprón & González Arellano, 2006, p. 69). Los elementos subjetivos en la distribución residencial de la población cobran importancia, sin dejar de lado las evidentes diferencias que el medio físico determina y las desigualdades que lógicas del mercado del suelo urbano imponen. Se trata de múltiples esferas de desigualdades entrelazadas de una forma particular y con un devenir específico que es necesario conocer para hallar las raíces de buena parte de estas injusticias sociales y espaciales.

De este modo se propone analizar la segregación urbana desde un enfoque integral a través de distintas dimensiones que den cuenta de la complejidad de este proceso y que, a su vez, permitan un análisis abierto a registrar las desigualdades, tanto aquellas mensurables como las que requieren esfuerzos metodológicos renovados. Las dimensiones que se abordan son: a) física-funcional, b) de clase social, c) de origen de la población, d) simbólica-histórica.

San Carlos de Bariloche: presentación y génesis de una ciudad compleja

San Carlos de Bariloche se localiza a los 41° 08' de latitud sur y 71° 17' de longitud oeste, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Pertenece a la jurisdicción de la provincia de Río Negro, departamento de Bariloche. Ciudad de carácter fronterizo (límite de la Argentina con Chile) emplazada en el ámbito de los Andes patagónicos sobre la margen sur del lago Nahuel Huapi, se caracteriza por su paisaje de montañas, bosques y lagos. Es uno de los principales centros de atracción de población entre las ciudades intermedias de la Patagonia argentina. Núcleo urbano de jerarquía regional, su economía se encuentra altamente concentrada y globalizada en torno al turismo.

La historia de la ocupación del suelo en San Carlos de Bariloche muestra que, a partir del núcleo central, la ciudad fue creciendo siguiendo la morena glaciaria hacia el sur, y hacia el este y oeste siguiendo las márgenes del lago Nahuel Huapi. Su ejido municipal contiene sectores de compleja topografía, posee una superficie de más de 22.000 hectáreas y se extiende longitudinalmente de este a oeste más de 60 kilómetros, superando en extensión a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Su primer eje de crecimiento se desarrolló a lo largo de la costa del lago Nahuel Huapi, donde hacia fines del siglo xix y principios del xx se instalaron el puerto y varias edificaciones sin un parcelamiento previo. El asentamiento poblacional se estructuró a partir de la primera casa comercial de Carlos Wiederhold[1]. En 1902 se creó formalmente la Colonia Agrícola-pastoril Nahuel Huapi. A la aplicación del plano de damero sobre un terreno sumamente irregular se sumó la diagramación, también geométrica, de los loteos que rodeaban el primer amanzanamiento. Se trataba de loteos de “tierra de labor” pensados como chacras o tierras agrícola-ganaderas, siguiendo modelos de ciudades pampeanas, opuestas a la topografía local.

La creación de la Dirección de Parques Nacionales (dpn) en 1934 incluyó una cantidad de obras emblemáticas, principalmente la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi y el Centro Cívico. Se promovía un fuerte cambio de función en la ciudad, un cambio de modelo: de colonia agrícola pastoril vinculada comercial y demográficamente a Chile, a localidad de frontera donde era necesario ejercer soberanía inmediata. Así, la dpn fue la institución a cargo no solo de la protección del medio natural, sino también de la argentinización de la población y de impulsar el perfil turístico de la localidad (Bessera, 2008). Un elemento significativo de este cambio fue la llegada del ferrocarril que unía la localidad con Buenos Aires en 1934; su estación a dos kilómetros hacia el este del núcleo central del poblado impulsó la expansión hacia ese sector. La construcción del hotel Llao Llao, también en los años treinta, definió el crecimiento de la ciudad hacia el oeste. Lolich (1993) afirma sobre la gestión de Bustillo, primer director de la dpn, que “merced a una racional planificación regional y urbana, convirtió la modesta villa pastoril en un centro turístico de nivel internacional” (p. 9). Se construyó una trama vial con criterio paisajístico cuya finalidad fue conectar las villas turísticas, como Cerro Catedral y Península del Llao Llao, creadas entre 1935 y 1944. Asimismo, el desarrollo de obras de infraestructura realizadas por la dpn impulsó nuevos fraccionamientos. La confluencia de estos elementos aumentó el valor del suelo y se generó una especulación inmobiliaria desmedida, desconocida en la región hasta entonces[2].

El proceso de fraccionamiento mediante loteos marcó el pulso de la expansión urbana. Algunos loteos tuvieron rasgos particulares según el origen de sus pobladores y así comenzó a materializarse una diferenciación sociorresidencial vinculada al origen de los pobladores. Uno de los primeros casos fue el del barrio Belgrano, ocupado principalmente por alemanes y suizos. Inmigrantes italianos conformaron otro barrio característico: el Ñireco, hacia el este del área central (De Civit & Velasco, 1970). En muchos casos, los mismos agrimensores encargados de realizar las subdivisiones de los lotes de la antigua colonia compraban a muy bajo costo las tierras para venderlas fraccionadas, obteniendo grandes ganancias (Lolich, 2007)[3].

Hasta 1955, la ciudad se encontraba dentro de uno de los territorios nacionales: el de Río Negro[4], que luego fue convertido en provincia mediante la Ley 14.408 de aquel año. Así se dio inicio a una nueva etapa que prometía reducir la dependencia con la ciudad de Buenos Aires y su poder centralizado. En 1958, la Ley 14.487, denominada ley Luelmo, introdujo un cambio jurisdiccional importante en la gestión del suelo urbano, al definir que pertenecen a la Municipalidad y quedan fuera de la jurisdicción de la Dirección de Parques Nacionales, las tierras fiscales ubicadas dentro del ejido municipal de San Carlos de Bariloche.

A comienzos de los años sesenta, y durante treinta años, la población de la ciudad aumentó vertiginosamente, duplicando las tasas de crecimiento provincial y triplicando las tasas nacionales. En la década de los setenta las chacras y las huertas que rodeaban el área urbana hacia el sur se fueron ocupando. Al mismo tiempo, crecieron los cinturones de pobreza, hasta entonces incipientes, en las áreas periféricas y se consolidó la costanera como principal convocante para las actividades turísticas y asentamiento de las clases sociales más favorecidas. Las divisiones internas en la ciudad comenzaban un proceso de profundización.

El grado de desorden y la escasa planificación urbana durante aquellos años fue notable (Matossian, 2011). El crecimiento y la expansión de la superficie urbanizada agudizaron la incapacidad funcional del Municipio para abastecer de servicios básicos a los nuevos barrios. Esta fue la génesis y evolución de una ciudad que se presenta en la actualidad sumergida en graves y multidimensionales problemas sociales. Se propone así un estudio particularizado de las principales dimensiones que comprende este complejo mosaico urbano.

Dimensiones físicas y funcionales

Además de recorrer los aspectos más relevantes de su historia y crecimiento, es preciso comprender cómo es la implantación de esta ciudad en este particular paisaje andino-patagónico. El interior del espacio urbano de San Carlos de Bariloche posee complejas irregularidades por su topografía, propia de una ciudad de montaña, tal como se muestra en la Figura 1, donde se representan las curvas de nivel para el sector central de la ciudad. Esta geomorfología imprime condicionamientos en el paisaje urbano desde distintos planos. Desde el funcional, porque genera superficies discontinuas en la ocupación por las fuertes pendientes, las cuales alcanzan rangos de entre el 30% y el 45%, categorizados como “poco aptos para la urbanización”, según indica el Plan Urbano Ambiental de la ciudad (Municipalidad de San Carlos de Bariloche, 2011). De comunicación, ya que los accesos al área central y a distintos sectores suburbanos se ven dificultados por la accidentada topografía. Asimismo, las diferentes altitudes (entre 750 y 1.200 metros sobre el nivel del mar) definen condiciones climáticas más rigurosas en aquellos barrios hacia el sur, en la porción más elevada de la morena glaciaria, donde las precipitaciones invernales en forma de nieve acusan una intensidad significativamente mayor a la que se registra en los sectores cercanos a la costa del lago. Entonces, la topografía constituye un elemento muy significativo que imprime condiciones más o menos favorables a la calidad de vida de la población. Así cobra protagonismo en los procesos de segregación urbana. A esto se suman los elementos que emergen desde el plano simbólico, que contrapone un sector “alto”, con una directa connotación negativa, de otro cercano al lago Nahuel Huapi; estas divisiones sociales del espacio serán explicadas más adelante.

figura 1 | San Carlos de Bariloche: topografía y uso del suelo

Figura 1 Matossian.jpg

fuente elaboración propia

En cuanto al análisis de la dimensión funcional del espacio urbano, el mismo se aborda desde las siguientes divisiones: área central y usos del suelo, áreas residenciales, áreas industriales y áreas comerciales y de servicios. Esta clasificación, propuesta en términos teóricos en la obra El espacio interior de la ciudad, de Zárate Martín (1991), es retomada y aplicada para el contexto de la ciudad de San Carlos de Bariloche.

Área central y usos del suelo

El área central es definida por su accesibilidad con relación al conjunto de la ciudad y a su área de influencia, y por el predominio de funciones centrales (gestión, dirección y comercio) que articulan las relaciones entre las actividades productivas, y las culturales y de diversión. Al interior del área central, el casco antiguo conserva los edificios de carácter administrativo más antiguos y una buena parte de las numerosas delegaciones locales del poder central. La presencia de monumentos permite a la ciudad enraizarse en el pasado: “Es sentido por ello como el ‘centro’ de la ciudad, y a veces como ‘la ciudad’ a secas en la imagen de los habitantes, que tienden a magnificar esta parte del espacio urbano” (Capel, 1975, pp. 30-31). En San Carlos de Bariloche queda definido por la planta urbana fundacional con la cuadrícula hispanoamericana (Lolich, 2000). De la mano de la dpn, durante los años treinta se imprimió allí una imagen arquitectónica basada en el uso de la piedra y madera. La fuerza del paisaje y el control de la obra pública y privada ejercido por la dpn determinaron que en los lagos patagónicos se impusiera una arquitectura centroeuropea propia de los Alpes y del sur de Alemania, una imagen que buscó instalar la identificación de la ciudad como la “Suiza argentina” (Lolich, 2007).

Destacan en el área central los usos destinados a servicios turísticos, hoteles, restaurantes, casas de artesanías, chocolaterías, discotecas (destinadas casi exclusivamente al turismo estudiantil), a las que se les agregan las típicas de una ciudad de similar rango: administración pública, finanzas, comercio diario, educación, salud, cultura.

Áreas residenciales

Según Zárate Martín (1991), la diferenciación de estos espacios surge como resultado de la acción de varios factores:

  • La imposición forzada a determinados grupos sociales o étnicos de residir en ciertas partes de la ciudad.
  • El deseo por parte de grupos minoritarios de concentrarse de forma voluntaria en determinadas áreas como medio de mantener vivo un sentimiento de identidad cultural.
  • Las fuerzas del mercado, que motivan que cada área residencial sea ocupada por grupos sociales de un mismo poder adquisitivo.

A los factores destacados por el reconocido autor, el rol del Estado a través de sus políticas de vivienda y desarrollo urbano constituye un poderoso determinante en el complejo y dinámico proceso de división social del espacio residencial.

Siguiendo la propuesta de Zárate Martín, las áreas residenciales se pueden clasificar en:

  1. Áreas residenciales del centro: son aquellas que corresponden al núcleo primitivo de la ciudad, la planta fundacional. En el caso de San Carlos de Bariloche, este sector está habitado por clase media alta, que prioriza la cercanía al área central.
  2. Áreas residenciales a lo largo de vías de comunicación: siguiendo la avenida Exequiel Bustillo, que bordea la costa del lago, con orientación este-oeste, se encuentran áreas residenciales de clase alta, principalmente relacionadas con la hotelería y emplazadas hacia el oeste del casco urbano. Asimismo, a lo largo de la avenida de los Pioneros, también hacia el oeste, paralela a Bustillo, se han desarrollado áreas residenciales principalmente de clases altas y medias. En el otro extremo, el sector sur, a lo largo del eje de crecimiento de la ruta 40 Sur hacia El Bolsón, se encuentran las áreas residenciales marginales. Siguiendo la traza de la ruta 40 Norte, hacia el este del casco urbano, se encuentran sectores residenciales desarrollados muy especialmente durante la década de los noventa y principios de este siglo, donde se asienta población de clases altas y medias.
  3. Áreas residenciales suburbanas: constituyen la zona residencial más extensa, y están integradas por los asentamientos que han ido surgiendo en las periferias y en los intersticios entre las vías de acceso en el pasado, prolongando la trama urbana. En estas áreas, especialmente hacia el sector meridional de la ciudad, predominan los barrios más pobres, las “islas” de viviendas planificadas o edificios de viviendas sociales. Estos últimos, realizados en gran medida por el gobierno provincial a través del Instituto de Planificación y Promoción de la Vivienda, dejan una impronta en el paisaje urbano como áreas completamente contrastantes dentro de barrios.

Áreas industriales

La industria en San Carlos de Bariloche no ha prosperado a gran escala, por lo que esta función no ha ocupado grandes superficies. Luego del cambio de función de la ciudad durante las primeras décadas del siglo xx, se definió un destino netamente turístico y los anteriores proyectos de creación de una ciudad industrial quedaron en el olvido. La escasa actividad industrial existe, con relativa importancia, en el llamado Barrio Industrial y en San Francisco i, ambos ubicados en el acceso a la ciudad desde el este, cerca de la estación de ferrocarril el primero, y bordeando la margen derecha del arroyo Ñireco el segundo (Área Mixta en la Figura 1).

Áreas comerciales y de servicios

En San Carlos de Bariloche existen dos centros comerciales por excelencia, situados en lugares de máxima accesibilidad. Uno ofrece bienes y servicios orientados al turismo y a satisfacer necesidades no básicas de las clases media y alta de la ciudad. Coincide principalmente con los ejes con sentido este-oeste de las calles Mitre, Moreno. El otro sector contiene comercios típicos de un área comercial urbana, provee de productos básicos a la mayor parte de la población barilochense, especialmente a aquella de menores recursos. Esta área comercial también se despliega a lo largo de dos ejes viales, en este caso con orientación norte-sur, que corresponden a las calles Onelli y Elordi. Al relacionar estas dos áreas comerciales de la ciudad según su ubicación dentro del plano (Figura 1), se destaca que la primera responde a una accesibilidad mayor desde el oeste, donde se concentran los servicios al turista. Por el contrario, el segundo centro comercial está relacionado con la vía de acceso desde la ruta 40 Sur que une el centro de la ciudad con el sector sur, ubicado sobre la morena glaciaria, donde están emplazados los sectores menos favorecidos.

Dimensiones de clase social

Una vez hechas las consideraciones sobre el espacio urbano material, desde la topografía y los usos del suelo, es necesario avanzar en la comprensión de las relaciones entre los agentes urbanos que definen en buena medida el modelo de ciudad y las divisiones sociales y desigualdades en su interior. Entre los agentes urbanos destacan los propietarios del suelo, promotores inmobiliarios, capital financiero, poderes públicos y ciudadanos. Los organismos públicos cumplen un doble rol y responsabilidad como agentes y árbitros del proceso de producción del espacio urbano.

Estos agentes urbanos son protagonistas, salvando las brechas de poder y responsabilidad entre ellos, en las dinámicas de producción de suelo urbano. Estas dinámicas en San Carlos de Bariloche (Matossian, 2011) pueden ser registradas también en otras ciudades latinoamericanas:

  • Fuerte proceso especulativo ejercido sobre la tierra, que no consideró las particularidades del soporte natural.
  • Constante e intenso aumento de la población, asentada en forma altamente difusa sobre la amplia y extendida red de loteos.
  • Falaces políticas públicas en relación con tierras y viviendas. Capacidad de respuesta insuficiente y tardía desde la planificación urbana y normas de ordenamiento del territorio.
  • Dificultad que suponen los altos costos de inversión para dotar de servicios e infraestructura a amplios sectores. Por la topografía y extensión de la ciudad, estas dificultades promueven de manera indirecta la necesidad de acudir a privados mediante distintos tipos de acuerdos con el Estado municipal[5] para satisfacer necesidades básicas de la población de sectores alejados y marginados.
  • Gran extensión del ejido municipal, que dificulta la gestión y planificación pública.

Tal como afirma Wacquant (2007), “las estructuras y las políticas estatales juegan un papel decisivo en la articulación diferencial de las desigualdades de clase, de lugar y de origen (etnorracial o etnonacional)” (p. 17). Los migrantes arriban y pasan a formar parte de un espacio urbano ya teñido, definido por la división social del espacio inherente a las ciudades contemporáneas en occidente, donde las diferencias entre distintos estratos socioeconómicos de la población urbana emergen como la dimensión más relevante en América Latina (Durhau, 2013).

San Carlos de Bariloche es una ciudad fragmentada; su crecimiento acelerado y sin control, con fuerte diferenciación social, ha devenido en mosaicos urbanos donde la división del espacio residencial muestra distintos grados de exclusión. Esto se visualiza en la Figura 2, donde se representa la distribución de la población por barrios según el porcentaje de habitantes que posee sus necesidades básicas insatisfechas, de acuerdo con el indicador que elabora la oficina estadística argentina para reconocer los principales problemas sociales[6]. Cabe aclarar que si bien se utiliza este indicador para el análisis cuantitativo de esta dimensión, se reconoce que el mismo se limita a mostrar las manifestaciones superficiales de las desigualdades sociales (Portes & Hoffman, 2003). En esta propuesta se retoma la categoría de clase social, dado que el interés radica en avanzar hacia las causas de dichas desigualdades.

figura 2 | San Carlos de Bariloche. Población con Necesidades Básicas Insatisfechas según división por barrios, 2001

Figura 2 Matossian.jpg

fuente elaboración propia sobre la base de datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2001

Esta figura muestra que al ser analizadas en detalle, a escala barrial, las divisiones según grandes áreas sociales (tales como El Alto y el sector de la costanera del lago Nahuel Huapi) muestran heterogeneidades en su interior. Si bien no es el objetivo de este trabajo profundizar al respecto, en trabajos anteriores (Abalerón, 1992 y 1995; Matossian, 2010) se ha concluido que la historia de cada barrio, así como las políticas de vivienda y planeamiento y las particularidades demográficas de sus pobladores, configuran estas desigualdades al interior de la ciudad. Sin embargo, estas desigualdades no son únicamente sociales y económicas.

En este sentido y frente a una tendencia general de las últimas décadas en América Latina, donde el Estado “ha abdicado a su papel de garante del derecho a la vivienda, mientras que las fuerzas del Mercado no ofrecen alternativas accesibles” (Olsson, 2012, p. 7), es evidente que para la población con menores recursos las estrategias posibles de desplegar con miras a integrarse y acceder a la ciudad serán significativamente más costosas y dificultosas que para el resto de la población.

Tal como afirma Prévôt Schapira (2001), la fragmentación “asocia componentes espaciales (desconexiones físicas, discontinuidades morfológicas), dimensiones sociales (repliegue comunitario, lógicas exclusivas) y políticas (dispersión de actores y autonomización de dispositivos de gestión y de regulación urbana)” (p. 34). En esta línea, las reflexiones apuntan ahora hacia el origen de la población en su articulación con dichas desigualdades, con miras a ahondar en este plano de la complejidad urbana.

Dimensiones de origen

Tanto las migraciones internacionales como las migraciones internas han tenido un rol protagónico en el poblamiento de San Carlos de Bariloche, con la particularidad de ser esta una ciudad de frontera. La presencia chilena no solo fue parte constitutiva, sino también protagonista del proceso que transformó una colonia agrícola pastoril en la actual ciudad intermedia, destino del turismo global. La ciudad tiene su propio origen en los vínculos a un lado y otro de la cordillera. Desde una mirada demográfica, y basándose en fuentes censales, la participación de la población no nativa se destaca en sus orígenes con porcentajes que superan el 70% de la escasa población total inicial, registrada en 1895 (Núñez, Matossian & Vejsbjerg, 2012). A lo largo del siglo xx, la proporción de extranjeros ha tendido a disminuir en términos relativos, especialmente durante la primera mitad, en que según el censo de 1947 la proporción de población no nativa había descendido a un cuarto de la población total. Aun así, las migraciones continuaron nutriendo una composición social dinámica y altamente heterogénea: hacia 1960, el 21% de la creciente población de San Carlos de Bariloche era extranjero, de los cuales el 65% era americano, el 34% europeo y un 1% restante de otros continentes (Matossian, 2011). Migrantes internos e internacionales, procedentes tanto de ámbitos rurales como de grandes ciudades, se han encontrado en esta ciudad, donde el intercambio y la movilidad han sido las únicas constantes.

El crecimiento demográfico ha sido intenso desde mediados del siglo xx hasta la década de los noventa. Entre los migrantes internos se destacan los procedentes del interior de la provincia de Río Negro, especialmente de las localidades pequeñas que componen la Línea Sur (Pilcaniyeu, Comallo, Clemente Onelli, Ingeniero Jacobacci, Maquinchao, entre otras). Estos migrantes internos de hábitos rurales se identifican, en algunos casos, como descendientes de grupos indígenas, principalmente de origen mapuche. Su arribo a la ciudad suele relacionarse con la gran nevada de 1984 (Méndez & Iwanow, 2001, p. 192). A ese grupo se sumaron migrantes internos, provenientes de grandes ciudades del país y de sectores rurales de distintas provincias.

Todas estas corrientes contribuyeron a la heterogénea estructura poblacional de San Carlos de Bariloche según lugar de nacimiento. En 2001, solo un 59% del total de la población de la ciudad estaba compuesto por nacidos en la provincia de Río Negro (Cuadro 1), entre los cuales no es posible (por limitaciones de la fuente censal) distinguir a los nacidos en San Carlos de Bariloche del resto de sus coprovincianos. Los migrantes internos representan casi el 30% de la población, compuesta por un 12% de nacidos en la provincia de Buenos Aires, 5% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2% en la provincia del Neuquén y 2% en la provincia del Chubut. Otras provincias argentinas agrupadas suman 9%.

cuadro 1 | San Carlos de Bariloche, composición de la población por lugar de nacimiento, 2001

país/provincia de nacimiento

valores absolutos

%

argentinos

Río Negro

55.260

59,35

Provincia de Buenos Aires

10.764

11,56

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

4.564

4,9

Neuquén

1.784

1,92

Chubut

1.726

1,85

Santa Fé

1.312

1,41

Córdoba

1.184

1,27

Mendoza

790

0,85

Otras provincias

5.419

5,82

extranjeros

Chile

8.461

9,09

Italia

314

0,34

España

200

0,21

Uruguay

176

0,19

Alemania

171

0,18

Paraguay

95

0,1

Bolivia

96

0,1

Otros países

785

0,84

totales

Población extranjera

10.298

11,06

Población argentina

82.803

88,94

Población total

93.101

100

fuente elaboración propia sobre la base de datos del censo nacional de población, hogares y viviendas, 2001

Según ese mismo censo, residen en la ciudad 8.461 chilenos que representan el 9% del total de la población de la ciudad. Constituyen el grupo más importante de los extranjeros: los nacidos en Chile son un 82% del total de los migrantes internacionales. Muy por debajo de estos valores siguen, en orden de importancia, italianos, españoles, uruguayos y alemanes.

Dimensiones simbólicas

La sociedad de San Carlos de Bariloche es heterogénea no solamente por su composición demográfica según lugar de nacimiento, sino por las categorías que se ponen en juego y que entrelazan origen, clase y “legitimidad” ciudadana. Es justamente en esta categoría ciudadana donde las variables “objetivas” se entrecruzan más evidentemente con las subjetivas. El discurso construido desde la historiografía local sobre el rol de los chilenos en esta urbe deja traslucir el rechazo hacia este colectivo, justificado con frecuencia por los conflictos que nuestro país ha tenido con Chile por cuestiones de límites. La imagen social negativa de este grupo, construida por prejuicios y estereotipos (el “chilote”), suele contraponerse con la concepción de “buen” migrante (de origen centroeuropeo) (Kropff, 2001).

La concentración de migrantes en la ciudad, en especial de chilenos, ha sido destacada en principio por Hardoy (1964), quien indica que se instalaban principalmente en los barrios Lera y Chileno (actual barrio La Cumbre). A principios de los setenta, se describía a los chilenos como “mano de obra desarraigada, que se caracteriza por ocupar espacialmente las áreas marginales de la ciudad, constituyendo la orla de villas miserias, cada vez más numerosas, y los escalones más bajos de la estratificación social” (De Civit & Velasco, 1970, p. 249). El hábitat chileno era calificado como “de aglutinamiento marginal, de automarginación”, según Durán (1982), quien agrega que las causas de ello eran la “ilegalidad” (término peyorativo para indicar la irregularidad en su documentación) y su pertenencia a estratos socioeconómicos muy bajos. Se afirmaba que los chilenos no se adaptaban a la vida argentina y que su presunta marginalidad estaría determinada por el rechazo al conjunto de valores de la nacionalidad argentina. La percepción negativa y de rechazo hacia la colectividad chilena era profunda. La tendencia al agrupamiento en el espacio urbano obedecía a una “marcada segregación que se manifiesta en la elección de los barrios; así encontramos al grupo chileno ubicado en los barrios Alto, Cumbre y Las Quintas” (De Civit & Velasco, 1970, p. 238).

Desde el ámbito político, también se han expuesto representaciones en torno a la composición demográfica de la ciudad. Entre las más resonantes destaca la del exgobernador de la provincia de Río Negro (1995-2003) y actual senador nacional por la provincia de Río Negro, Pablo Verani, quien comentaba en un diario local “hay de todo... nazis no arrepentidos, bolches y troskos con nostalgias de revoluciones que el viento se llevó o no trajo... hippies transformados en burgueses a medio cocinar... porteños cansados de todas las cosas que se cansan los porteños... ¡pobreza, mucha pobreza!... clase media que es un rejuntado de varias clases medias...¡Personalidad electoral muy compleja la de Bariloche!...”[7]. A estas declaraciones se sumó el actual diputado nacional Hugo Castañón, quien por su parte afirmaba: “Los que nacimos acá en Bariloche no podemos no sentir las corrientes migratorias, las corrientes del interior del país y de afuera. Nosotros acá tenemos un 20 % de extranjeros, tenemos un 30 % de migraciones internas del país, sobre todo de Capital y Gran Buenos Aires… tenemos una brecha muy importante entre los distintos sectores de la ciudad”[8]. La referencia “los que nacimos acá” remite al uso de categorías usuales en la Patagonia, donde se distingue mediante la denominación “nyc” a los nacidos y criados, frente a los “vyq” venidos y quedados. Como bien afirma Bondel (2008): “Estas categorías ciudadanas, muchas veces anteceden, a modo de señorío, las presentaciones personales (…) se destaca la figura de pioneer patagónico y su legitimación social frente a otras modalidades –descalificadas sotto voce–, incluso ¡anteriores o coetáneas! La condición de ‘nacidos y criados’ y ‘venidos y quedados’ surge a modo de complementos identitarios y muchas veces es valorizada en situaciones comunitarias puntuales. Son utilizadas como rasgo garante de mayor genuinidad” (p. 153).

San Carlos de Bariloche ha vivido situaciones puntuales en las cuales estas categorías emergieron con fuerza. Tal fue el caso, en 2007, cuando un grupo de vecinos difundió en medios de comunicación locales la intención de crear un “Club de nyc”: “Un nutrido grupo de personas, entre trabajadores y empresarios locales, buscan crear un club exclusivo de ‘Nacidos y Criados de Bariloche’ (NyC) con enormes beneficios para los ‘exclusivos miembros del club’. Con respecto a los requisitos para integrar este club exclusivo indicaron que ‘lo pueden integrar todas las personas que acrediten al menos cuatro generaciones de barilochenses y estudiaremos cada una de las solicitudes’ (…). Creemos que luego de ver cómo la gente que viene de otros lugares ha hecho desastres, es hora de defendernos y defender la ciudad entre nosotros”[9]. Este club no llegó a conformarse, muchas voces se opusieron a la propuesta, en los diarios se podía leer que “para la mayoría de ellos se trata de una muestra de intolerancia, y en algunos casos lo vinculan con actitudes similares al nazismo”[10]. Este no es un comentario menor, ya que el “elemento nazi” de San Carlos de Bariloche ha ganado difusión internacional, con libros y documentales publicados al respecto. La ciudad es también sensible a ese tipo de representaciones y estas también tienen el elemento nacional como protagonista.

Esta propuesta evidencia los trasfondos problemáticos que circulan en esta ciudad, muestra algunos elementos destacados que componen los sentidos comunes de la sociedad de San Carlos de Bariloche.

Hacia una integración multidimensional

A partir de mediados del siglo xx, desde la geografía social, se sostiene que para comprender los “mosaicos” urbanos es necesario remitirse a la organización de la sociedad y resaltar la vigencia de los factores básicos de la compleja división de las sociedades urbanas: el estatus económico, el estatus familiar, ciclo y estilo de vida y pertenencia a un grupo étnico minoritario (estatus migratorio), propuestos por Murdie en 1956 (apud Carter, 1974, p. 311). Frente al mosaico que presenta San Carlos de Bariloche, interesa analizar cómo esta composición se distingue según su residencia en el interior del espacio urbano. La posibilidad de contar con datos según lugar de nacimiento a escala de radios censales ha permitido analizar las lógicas de concentración por origen y distinguir la particularidad de los subgrupos. Con miras a representar cartográficamente en un solo mapa la distribución de la población en el espacio interior de la ciudad, se seleccionaron los principales grupos según lugar de nacimiento (Cuadro 1) y se elaboró una tipología según rangos de datos de quintiles para cada uno de ellos. Se seleccionaron los quintiles superiores para cada grupo y se superpusieron para analizar su distribución y superposición. El resultado se muestra en la Figura 3, en la cual también se señalan los dos sectores destacados de la ciudad: El Alto y la “Suiza argentina”, la ciudad del turismo que sigue el sector costero del lago Nahuel Huapi.

Se distinguen dos patrones claros de división social del espacio: por un lado, los nacidos en Chile y en la provincia de Río Negro; por el otro, los nacidos en la ciudad y provincia de Buenos Aires junto con los nacidos en España, Italia y Alemania. Estas correspondencias muestran que el origen es un significativo elemento explicativo en el estudio de la distribución de la población en el espacio urbano de San Carlos de Bariloche.

Los nacidos en Chile y en la provincia de Río Negro muestran concentraciones en el área centro-sur del núcleo urbano y en los radios censales que agrupan barrios dispersos al sudeste del ejido. Se distinguen en algunos aspectos: mientras que los rionegrinos alcanzan porcentajes altos en el sector de barrios sociales (que alcanzan entre un 72% y 87% sobre el total de la población, los valores máximos para todo el ejido municipal), los chilenos allí disminuyen su protagonismo. Esto es un efecto esperable si se consideran las exigencias relativas a la nacionalidad de los solicitantes a viviendas sociales. Los nacidos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los nacidos en la provincia de Buenos Aires muestran distribuciones similares, también los nacidos en los países europeos seleccionados. Cabe mencionar que los valores más altos de concentración para el grupo de los europeos se ubican en el sector central y en el extremo oeste. Para los arribados de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires se reparten a lo largo del eje que bordea la costa del lago Nahuel Huapi hacia el oeste, sector que se conoce como “los kilómetros”. Por su parte, los rionegrinos y los chilenos tienen también una distribución análoga, aunque mientras los rionegrinos muestran grandes áreas con altas concentraciones, los chilenos presentan un patrón más compacto de distribución, con porcentajes más altos en las márgenes de la mancha urbana compacta, que alcanzan valores de entre 25% y 38% sobre el total de la población, los más altos del ejido para este grupo.

De este modo se da cuenta de una distribución al interior urbano profundamente fragmentada y compartimentada según clase y origen. Si se analiza el conjunto de la población de Bariloche, cruzando las variables país de nacimiento y población con al menos una necesidad básica insatisfecha (nbi), aparece que mientras para la población nacida en Chile la proporción de habitantes con nbi es de un 23%, para la población nacida en la Argentina este porcentaje desciende al 20%. Esta diferencia muestra que el grado de vulnerabilidad para el caso de la población chilena es levemente superior al de la población argentina. Sin embargo, más significativa es la distinción respecto al caso de los nacidos en Europa: la proporción de población con nbi es del 6% para los nacidos en Alemania, de 4% para los nacidos en España y para los nacidos en Italia, de 3%.

Al relacionar estas concentraciones y distribuciones con las otras dimensiones sociales, se distingue cierta persistencia, en un primer nivel, de dos grandes sectores que responden a un modelo de “ciudad dual”: uno en íntima relación con las situaciones socioeconómicamente más favorables, hacia el norte y oeste del ejido municipal, siguiendo la costa del lago, donde la población predominante es aquella nacida en las grandes urbes; y otro, con condiciones más desfavorables, hacia los sectores en el sur y sudeste del ejido, el cual se corresponde con los radios censales que concentran población nacida en Río Negro y en Chile. Estas dos grandes porciones, separadas también desde lo topográfico por la presencia del cerro Otto, refuerzan en el imaginario la idea de las dos caras de San Carlos de Bariloche.

figura 3 | San Carlos de Bariloche. Áreas sociales y distribución de la población según lugar de nacimiento según fracciones censales, 2001

figura 3 matossian.jpg

fuente elaboración propia sobre la base de datos del censo nacional de población, hogares y viviendas, 2001

Sin embargo, al profundizar el análisis y notar las profundas heterogeneidades internas, se cuestiona –tal como afirma De Mattos (2002)– la propensión a interpretar el aumento de las desigualdades sociales necesariamente como una tendencia hacia la dualización; las evidencias empíricas indican que los espacios sociales son cada vez más complejos y fragmentarios.

Conclusiones

En San Carlos de Bariloche existen fuertes tensiones en la división social del espacio residencial. Estas pujas han dejado sus correspondientes improntas, materiales y simbólicas, manifestadas como en un palimpsesto urbano, siguiendo la idea de Lolich (2000) y Gravano (2005). Tales improntas responden a lógicas casi siempre contrapuestas: la de los agentes urbanos, la de los turistas, y las particularidades de cada uno de los diversos grupos migrantes que la componen.

Los avances en esta propuesta de estudio de la segregación urbana en una ciudad media a partir de un abordaje integral se han concentrado, entonces, en un recorrido que ayuda a comprender las divisiones sociales del espacio en sus dimensiones topográficas, sociales, económicas, funcionales y simbólicas, con particular énfasis en el protagonismo del componente migratorio dentro de esta compleja trama. Existe un conjunto de la población, aquella de escasos recursos socioeconómicos en general, pero en particular la de origen chileno y aquella provenientes de la Línea Sur, que es considerado no solo como ajeno, aun habiendo sido parte constitutiva, sino también como sector que debe ser ocultado en la imagen de la ciudad, la de la postal de la “Suiza argentina”. Se busca reproducir una historia hegemónica que niega elementos de conflicto y también una geografía que niega sus sectores marginales. Estos elementos han atentado contra las posibilidades de una identificación colectiva y la construcción de sentido de lugar que contribuyan a disminuir las profundas divisiones internas que devienen luego en segregación urbana. En este sentido, el espacio urbano es al mismo tiempo resultado y productor de complejos procesos que profundizan las desigualdades sociales y culturales y contribuyen a generar segregación urbana.

Las divisiones señaladas, vistas en la escala urbana, suelen quedar reducidas a la dicotomía “El Alto/la Suiza argentina”, propia de un modelo dual, que coincide con la idea instalada en la ciudad de las “dos caras de Bariloche”. Sin embargo, tal como quedó expuesto, la complejidad urbana tiende a la fragmentación y debe hablarse de las “varias caras” de esta ciudad, pues la división social del espacio residencial de San Carlos de Bariloche es mucho más compleja y presenta profundas heterogeneidades. Tal como sucede en otras ciudades, “las viejas divisorias sociales en grandes unidades dan paso así a un caleidoscopio mucho más complejo donde las barreras no desaparecen sino que se multiplican, encerrando ahora unidades mucho más pequeñas” (Nel·lo & Muñoz, 2004, p. 296).

En este contexto de fragmentación, la presencia de migrantes como actores en la construcción social del espacio urbano se constituye como un elemento necesario de destacar en el estudio de la segregación urbana, dada la creciente participación de dichos grupos en las sociedades urbanas y las particularidades de su inserción en el espacio residencial. Su rol en la conformación de barrios, especialmente intenso en los sectores populares, y su intervención en distintas esferas de la sociedad, condensa su protagonismo y genera, a su vez, distintos niveles de tensión que se relacionan con –y explican en algunos casos– procesos de desigualdad social. De allí que se propone estudiar este tipo de desigualdades por origen desde un enfoque integral, desde la simultaneidad, para evitar que ellas permanezcan soslayadas frente a las innegables desigualdades socioeconómicas. A estas se podría agregar también el análisis de las diferencias según género, grupos etarios, entre otras.

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[1] Chileno de origen alemán llegado desde Puerto Montt a la región hacia fines del siglo xix.

[2] Este tema fue estudiado por Lolich (2007), quien ejemplifica este proceso al indicar que el metro cuadrado en el loteo Cipresales pasó de costar $0,07 m/n (moneda nacional) en 1939 a entre $5 y $10 m/n hacia el fin de la década de los cuarenta.

[3] También cabe recordar que, en muchos casos, quienes compraban estos loteos eran figuras pertenecientes, o íntimamente vinculadas, a las altas esferas de la Dirección de Parques Nacionales. Tal fue el caso de Aaron de Anchorena (miembro de la comisión directiva) o de Alejando Bustillo, hermano de Exequiel y propietario de un lote en la península San Pedro, fraccionado en 1947 en 116 lotes.

[4] La región patagónica se incorporó a la Argentina en forma tardía al crearse los Territorios Nacionales en 1884. Se la consideró vacía de personas y llena de recursos debido a que, por una parte, se había desmantelado la estructura social y económica de los pueblos originarios y, por otra, era presentada como motor del desarrollo nacional (Navarro Floria, 2010). La Patagonia se incorporó con derechos políticos restringidos, pues los gobiernos eran elegidos en Buenos Aires y sus habitantes carecían de derechos ciudadanos (Iuorno & Crespo, 2008). A esta situación de desigualdad se le agregaron carencias institucionales en materia de justicia, salud y educación, además de un marcado déficit de servicios, transporte y comunicación.

[5] Tal fue el caso del emprendimiento Dos Valles, urbanización privada que en su gestión con el Municipio para instalar un barrio privado en el sector de la pampa del Huenuleo, acordó extender la red de gas natural hasta los barrios marginales Pilar i y ii a cambio de la modificación de los parámetros urbanísticos.

[6] Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (2003), los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas son aquellos que presentan al menos una de las siguientes condiciones de privación: Hacinamiento: hogares con más de tres personas por cuarto. Vivienda: hogares que habitan una vivienda de tipo inconveniente (pieza de inquilinato, vivienda precaria u otro tipo, lo que excluye casa, departamento y rancho). Condiciones sanitarias: hogares que no tienen retrete. Asistencia escolar: hogares que tienen al menos un niño en edad escolar (6 a 12 años) que no asiste a la escuela. Capacidad de subsistencia: hogares que tienen cuatro o más personas por miembro ocupado, cuyo jefe no hubiese completado el tercer grado de escolaridad primaria.

[7] “Verani ve una ciudad de nazis, bolches, troskos, hippies y porteños cansados”, Diario Bariloche 2000, 31/10/06. Disponible en http://bariloche2000.com/noticias/leer/verani-ve-una-ciudad-de-nazis-bolches-troskos-hippies-y-portenos-cansados/19158

[8] Ibíd.

[9] “Quieren crear un club exclusivo de nacidos y criados en Bariloche”, Diario El Cordillerano, 19/2/07.

[10] “Se extiende la polémica por la creación del club de los nacidos y criados en Bariloche”, Diario Bariloche 2000, 20/2/07.

vol 41 | no 124 | septiembre 2015 | pp. 163-184 | artículos | ©EURE

issn impreso 0250-7161 | issn digital 0717-6236

Matossian, B. (2015). División social del espacio residencial y migraciones. El caso de San Carlos de Bariloche, Argentina. Revista EURE - Revista De Estudios Urbano Regionales, 41(124).