Vol.
46

137
2020
monti

De la planificación como técnica a la cultura de la planificación.
John Friedmann en Chile
1959-1966

Alejandra Monti. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

resumen | El artículo aborda la transformación de las ideas sobre la planificación regional y urbana del planificador austríaco-norteamericano John Friedmann durante sus años en Chile como director del Programa de Asesoría en Desarrollo Urbano y Regional de la Fundación Ford (Urban and Regional Development. Advisory Program in Chile [urdapic], 1965-1969). Friedmann acuña el concepto de ‘planificación innovativa’ como un nuevo paradigma que sustituye la base racional y científica de la planificación desarrollista, la cual concibe la acción como motor para el cambio estructural en los países subdesarrollados. Estas ideas se presentan en el marco de las transformaciones del gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1969), reconociendo que es a partir de la retroalimentación entre política y técnica que las ideas de Friedmann adquieren significación.

palabras clave | planificación del desarrollo, historia urbana, cultura urbana.

 

abstract | The following article examines the transformation of the ideas of the Austrian-American planner John Friedmann, on regional and urban planning, during his time as the director of the Urban and Regional Development Advisory Program of the Ford Foundation in Chile (urdapic, 1965-1969). Friedmann coins the notion of innovative planning as a new paradigm that supplants the rational, scientific basis of development planning by conceiving action as the engine for structural change in underdeveloped countries. These ideas are framed in the transformations that took place during Eduardo Frei Montalva’s government (1964-1969), acknowledging that it is in the feedback between politics and technique that Friedmann’s ideas acquired significance.

 

keywords | development planning, urban history, urban culture.

Recibido el 1 de octubre de 2018, aprobado el 12 de noviembre de 2018.

E-mail: almonti@uc.cl

Introducción

A mediados de la década de los sesenta, la Fundación Ford (ff) conformó una sociedad con el Estado chileno a partir de la puesta en funcionamiento del Programa de Asesoría en Desarrollo Urbano y Regional en Chile (Urdapic), de la Fundación Ford.1 El planificador John Friedmann asumió la dirección de dicho programa en junio de 1965, reformulando sus objetivos y funciones en el contexto de un proceso de colaboración más amplio de la ff con el gobierno de la Democracia Cristiana (dc) bajo la presidencia de Eduardo Frei Montalva (1964-1969).

La adscripción de la ff al programa político de Frei en materia territorial, sobre la base de un posicionamiento sostenido en la Revolución en Libertad como eslogan, se hizo efectivo en dos áreas específicas: la primera, la modernización estatal de los programas de planificación nacional, a través de la creación de la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan, 1965) y del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu, 1965); en segundo lugar, la formación de cuerpos técnicos capaces de llevar adelante el ideal desarrollista en línea con los nuevos requerimientos del país. Respecto de la actividad de la ff en Chile, Peter Bell sostiene que “nuestra oficina se sintió comprensiblemente atraída por el enfoque liberal, tecnocrático y reformista del Gobierno Demócrata Cristiano (...) por lo que proporcionamos apoyo financiero” (Parmar, 2015). Esta alianza entre el programa político de la dc y la actividad de la ff en Chile traspasó el ámbito burocrático-estatal, que en la historia del país contaba con cierta tradición a partir de programas de asesoramiento técnico como el Plan Chillán (1959–1962), en el marco del Programa Punto iv del presidente Truman, vinculado a la agricultura, la ganadería y la tecnificación forestal, que posibilitó la ampliación de las formas transnacionales de circulación de ideas y modelos (Beigel, 2011; Parmar, 2015; Quesada, 2015).

Volviendo a la transformación estatal que dio forma a la nueva matriz institucional de Chile a partir de 1965, la misma se sustentó sobre las ideas de la modernización y el desarrollo como motor para el cambio estructural de la realidad local. Este nuevo paradigma desarrollista rápidamente se convirtió, para políticos y técnicos, en un horizonte de actuación, con el fin último de revertir los desequilibrios estructurales que aquejaban al país, considerado subdesarrollado en la división del mundo de la posguerra.

Las páginas del informe de actividades del período 1967/68 de la ff, se inician con la definición del objetivo fundamental de Urdapic, el cual consistió en “crear capacidades institucionales necesarias para actuar eficazmente frente a los cambios generados por el proceso de urbanización que está experimentando el país” (Fundación Ford, 1968). Allí se esquematiza el organigrama de funcionamiento del programa y sus vínculos con las oficinas estatales, y se da cuenta de la emergencia de John Friedmann como ideólogo indiscutible de la actividad de la ff en Chile en materia territorial, tanto en su faceta de asesor del gobierno, como en su actividad académica en el marco del Comité Interdisciplinario de Desarrollo Urbano (cidu), de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fue Friedmann quien delineó el proceso de colaboración de la ff en el país, precisando los alcances y límites de la asesoría en la interacción entre oficinas de planificación a escala nacional, regional y urbana, sumado a la configuración de un centro de formación, investigación y asistencia técnica: el cidu.2 El mismo tenía como objetivo generar profesionales formados en las más recientes ideas de planificación y orientados al servicio del Estado, configurando con ello un esquema de retroalimentación entre academia y burocracia estatal.

La relevancia de John Friedmann en el mundo de la investigación en planificación territorial es ampliamente reconocida. Esta identificación se relaciona con su vasta producción teórico-crítica sobre la planificación en un período que se inicia a mediados de la década de los cincuenta y que no cesa hasta su muerte en el año 2017. A la faceta de producción intelectual, se le suma su prolífica actividad como formador de planificadores, principalmente en Latinoamérica y los Estados Unidos (Sanyal, 2000; 2008).

En esta línea, el artículo propone una lectura centrada en la reconstrucción de sus ideas en torno a la planificación entre los años 1959 y 1966, enfatizando la relación entre la diagramación del concepto de planificación innovativa (1966) y su contexto de producción: el Chile de la dc. El propio Friedmann, en tono autobiográfico, aporta a la mística de que es en Chile donde tiene su eureka (2011), que le permite introducir un giro en los propósitos sociales y significados de la planificación para países subdesarrollados. Al respecto afirma:

Mis cuatro años en Chile fueron una experiencia de un aprendizaje extraordinario. En esos años tuve mi experiencia “eureka” cuando finalmente logré resolver lo que había sido un puzle por mucho tiempo. Yo tenía un doctorado en planificación, pero no un claro entendimiento de cómo podía definir esta nueva disciplina (…). Estaba tan emocionado que corrí al cidu y les conté a mis colegas y a todo el que me quisiera oír: ¡Lo tengo, lo tengo! Creo que a nadie le importó mucho lo que decía y la verdad es que me llevó algunos años antes de que sus implicaciones fueran claras del todo. (“John Friedmann en Lo Contador”, s. f.)

Sin desmerecer el recuerdo de Friedmann, sus propias palabras nos permiten situar sus ideas en un contexto particular de la política chilena, demostrando que es en la retroalimentación entre las condiciones particulares del país y los propios intereses personales donde la idea de la planificación innovativa adquiere un nuevo sentido, haciendo visibles zonas grises de articulación entre la experiencia personal y el programa político del presidente Eduardo Frei Montalva.

Los trabajos centrados en la teoría de la planificación reconocen la figura de Friedmann en múltiples dimensiones. Patsy Healey y Robert Upton (2010) identifican su labor dentro de la tradición transformadora de la planificación, una relación entre medios y fines que opera en un contexto político, administrativo, social y cultural que oscila entre el cambio radical y la continuidad. En la misma línea, Isaías Álvarez García (2002) presenta una genealogía de la planificación, ubicando a Friedmann (junto con Jorge Ahumada) en la corriente del cambio del desarrollo. Su reconocimiento de la planificación innovativa es leído desde una perspectiva teórica, centrando los aportes en la identificación de la relación entre planificadores y usuarios.

Susan Fainstein, en “New directions in planning theory” (2000), avanza sobre las aproximaciones de “ciudad justa” realizadas por Friedmann a finales de la década de los noventa, incorporando los conceptos de planificación participativa y las ideas de que “la progresiva transformación social es el resultado del ejercicio del poder por aquellos que antes habían estado excluidos de él” (p. 467), conceptos que evolucionan en sus planteamientos a partir de las experiencias tenidas en la década de los sesenta.

Los aportes señalados nos permiten delinear una genealogía evolutiva del concepto de planificación que tiene como punto de partida la propuesta de planificación innovativa, aunque no asumen la contextualización de su génesis como factor de análisis. Así, avanzamos en una lectura de esta relación, reconociendo primero el andamiaje teórico-conceptual de Friedmann en sus primeros años de actividad en Latinoamérica (1956-1965); a continuación, sin adentrarnos en las transformaciones materiales de Santiago, proponemos una lectura del contexto político-social (particularmente las ideas de la dc y del gobierno de Frei Montalva) que encuentra Friedmann a su llegada al país, identificando las políticas de modernización que se comenzaron a implantar en Chile a mediados de la década de los sesenta. En el tercer apartado avanzamos en la renovación del programa de asesoría de la Fundación Ford en Chile (1965) bajo su dirección, examinando su transformación y orientación a un programa colaborativo con el Estado que abarca tanto la asistencia técnica como la formación de profesionales. La formulación y conceptualización de la planificación innovativa es trabajada en la última sección, identificando la propuesta conceptual de Friedmann y su aporte concreto a la teoría de la planificación. A modo de cierre, avanzamos en el cruce entre condiciones políticas y transformación disciplinar, aportando nuevas aristas para la comprensión de la génesis de la idea de la planificación innovativa.

La planificación como técnica.
Las ideas de John Friedmann en los inicios de su actividad
como asesor en América Latina

Las asesorías realizadas por Friedmann entre finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta en América Latina (Brasil y Venezuela) y Asia (Corea), van a constituirse como la base preparatoria para la construcción del andamiaje teórico-conceptual de un tipo de planificación aplicable a los países subdesarrollados. En Brasil trabaja como docente de planificación regional (1956-1958) en el programa de la Superintendência do Plano de Valorização Econômica da Amazônia (spvea). Radicado en la ciudad de Belém, se encarga del dictado del seminario Teoría de la Planificación, área de experticia adquirida en sus años de formación en el programa interdisciplinario en planificación, economía y geografía de la Universidad de Chicago bajo la dirección de Harvey Perloff en los inicios de la década de los cincuenta (figura 1).

 

figura 1 | Esquema de recorridos institucionales de John Friedmann entre 1949 y 1969

fuente: elaboración propia

En estos primero años de trabajo en los países subdesarrollados, Friedmann elaboró una propuesta que serviría de guía para estructurar su seminario: la definición de “esa nueva tecnología llamada planificación” (Friedmann, 2011, p. 1). Este intento por identificar las particularidades del vínculo entre planificación y desarrollo ya no surge a través de la importación de modelos y experiencias externas, como había sido lo usual. Es producto, más bien, de una concepción racional e integral orientada a la búsqueda del bienestar de la población a partir de una comprensión cabal de la realidad local, enfoque que se constituye en la base de sus primeros años de acción. En este sentido, el período brasileño lo ubicó como un observador de un “experimento histórico de planificación” (Friedmann, 2011, p. 2), que se formalizó a través del plan de desarrollo nacional delineado por el economista Celso Furtado desde la Superintendência do Desenvolvimento do Nordeste (Sudene) durante el gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-1961).

Las ideas de esta experiencia son sintetizadas por Friedmann en el texto “The Study and Practice of Planning”, publicado en el International Social Science Journal editado por la Unesco en 1959. Es en la introducción de este trabajo colaborativo donde el autor esboza una definición de la planificación en vinculación con la sociedad moderna, reconociendo que el foco de la discusión atiende al problema de la planificación sobre la base de las libertades individuales. Esta aproximación pone de manifiesto el rol que le asigna a la planificación como método racional, un destino inevitable de las sociedades modernas en los términos del economista norteamericano Rexford Tugwell.

Así, la planificación es concebida como una herramienta para la toma de decisiones y acciones tendientes a promover y maximizar el bienestar de una sociedad en proceso de transformación. Este método se sustenta en el análisis de las proyecciones deseadas, las tensiones, los recursos y las instituciones, a partir de una evaluación continua de los resultados y del análisis de las contingencias. Advierte que es “una manera de pensar, de abordar los problemas sociales con el instrumento de la razón” (Unesco, 1959, p. 329).

En esta línea, Friedmann reconoce la incapacidad de las disciplinas tradicionales para dar respuesta a los nuevos desafíos de la región, manifestando la transformación del rol de la ciencia como “camino elegido para el conocimiento y la verdad” (Unesco, 1959, p. 330) a partir del análisis estadístico y la racionalidad técnica. Define la razón como un modo de pensamiento que considera las metas, medios y consecuencias de una acción potencial (Unesco, 1959, p. 333), haciendo de la previsión y la razón elementos centrales de la planificación, a pesar de sus limitaciones y su inevitable impureza. Avanzando en este razonamiento, delinea un modelo de trabajo para los planificadores basado en la visibilidad de los cursos de acción y en el análisis de la relevancia y viabilidad de los objetivos propuestos, operando como veedores técnicos del bien común.

Para finalizar, Friedmann expone una serie de condiciones necesarias para la implementación de la planificación, advirtiendo que es una práctica occidental basada en ciertas condiciones particulares de las sociedades modernas vinculadas a los procesos de urbanización e industrialización. Desde esta perspectiva, considera que la planificación es universalmente deseada por aquellas naciones que inician un proceso de transformación de una estructura comunal agraria a una estructura social urbana. Sin embargo, señala, este proceso solo puede darse a partir de la existencia de ciertas condiciones que viabilicen su implementación: a) la existencia de una estructura social (monetización económica, urbanización, presencia de una intelligentsia técnica y científica, un sistema institucional); b) la existencia de un sistema de análisis y recopilación de información; c) la existencia de un pensamiento planificador en un sector de la sociedad; y, por último, d) la existencia de un liderazgo económico y político progresivo, comprometido con el futuro (figura 1).

Sostenemos que esta primera experiencia de Friedmann, asociada al problema del desarrollo en América Latina, se caracteriza por un posicionamiento “técnico” de la planificación, deudor de su formación en Chicago y de su inicial derrotero por los países subdesarrollados (Puerto Rico y Venezuela) durante la década de los cincuenta. Su trayectoria queda expuesta en la producción teórica, donde adscribe a un enfoque centrado en la racionalidad técnica y el conocimiento para la toma de decisiones. Asimismo, sostiene que las burocracias estatales, a pesar de su condición conservadora, se constituyen como los espacios de inserción de la planificación en las estructuras de gobierno, con el fin de producir los cambios sociales necesarios que conduzcan al equilibrio y bienestar de la población. Este planteamiento les otorga a las fuerzas individuales (intelectuales, políticas, revolucionarias, etcétera) la capacidad de innovación, identificándolas como las “fuentes principales que delinean las directrices que una sociedad sigue en el curso de su evolución” (Unesco, 1959, p. 337).

Las políticas de la Democracia Cristiana para la transformación de Chile

En “Santiago de Chile. La capital de la izquierda”, Gonzalo Cáceres (2016) reconstruye las condiciones e imaginarios de la ciudad de Santiago entre 1960 y 1973, tanto para los locales como para los políticos e intelectuales extranjeros que, desde la década de los cincuenta, se radicaron en el país producto del incipiente internacionalismo vinculado a la radicación de un singular número de sedes de organismos supranacionales (Cepal, 1948; Desal, 1961; Flacso, 1957). Cáceres avanza en la reconstrucción de las condiciones de una ciudad que, para 1965, se encontraba en un proceso de transformación dispar que pivoteaba entre la ciudad consolidada y cada vez más elitista de los sectores altos y el crecimiento informal de las periferias, carente de infraestructuras y equipamientos.

El correlato espacial de estos procesos tiene factores políticos (locales y extranjeros), sociales y económicos que lo moldean y hacen posible registrar el crecimiento “real” y “simbólico” de Chile, pero principalmente de Santiago, como espacio posibilitante para introducir transformaciones institucionales que permitirían revertir las condiciones de atraso estructural a las que se enfrentaba el país. En este marco, la ciudad que recibe a John Friedmann en 1965 oscilaba entre la efervescencia del proyecto transformador de Eduardo Frei Montalva sustentado en el ideario de libertad, igualdad y justicia de la dc, y la intensificación del proceso de urbanización informal en las periferias, donde el Estado carecía de agilidad para dar respuestas habitacionales a los asentamientos informales que se aglomeraban en los anillos periféricos.3

Sin ser objeto de este apartado profundizar sobre la realidad material de Santiago en la década de los sesenta, interesa revisar las ideas tras el programa político de la dc, particularmente las acciones de la campaña electoral y los primeros años de gobierno de Frei Montalva, con el fin de establecer las bases ideológicas que van a introducir cambios institucionales que tienen a la planificación como horizonte de transformación.

La campaña presidencial de 1964 se desarrolló en un clima de progresivo ascenso de la figura del opositor socialista Salvador Allende frente al liderazgo de Eduardo Frei Montalva, y en un momento particular de la transformación del escenario latinoamericano, que se debatía entre la Revolución Cubana (1959) y la consolidación de la Alianza para el Progreso (1961). Esta dicotomía entre socialismo revolucionario y democracia liberal se trasladó, no sin conflicto, al espacio urbano. La dc chilena asumió una posición intermedia, donde el eslogan “Revolución en libertad” sintetizaba algunos de sus temas centrales, introduciendo la discusión sobre el subdesarrollo y el desarrollo, “al plantear que era imposible este último en el marco de una modernización capitalista o una visión lineal que no supusiera la ruptura con el orden socio-económico imperante y un rol principal de los sectores más explotados” (Garretón Merino, 2017, p. 65).

Esta condición expresa un nuevo método político de promoción que, como sostiene José Tomás Labarca (2017) en referencia al proceso de formación de la dc, “se caracterizó por la búsqueda de horizontes ideológicos y prácticas políticas diferentes de las que tradicionalmente habían caracterizado al sistema político” (p. 52). La novedad se basa en la afirmación de su condición pluralista, que abandona la perspectiva de clases sociales en pos de la construcción de la idea de unidad nacional sobre la base del respeto democrático. La dc impulsa las mayores innovaciones en la elaboración de los programas de gobierno a partir de la práctica participativa de los técnicos y la sociedad civil. Labarca afirma que “por primera vez en Chile una campaña electoral apeló a la ciudadanía no solamente como público, sino también como actor fundamental en la construcción del proyecto de la ‘Revolución en Libertad’” (p. 53). Los congresos se constituyeron en espacios de debate de ideas, tanto a nivel temático como espacial, funcionando como aglutinadores de la construcción ideológica y, particularmente, de la consolidación del liderazgo de Frei. La base doctrinaria se respaldó en el concepto de persona humana y la fe en la capacidad política del pueblo, reconociendo que el cambio de estructura que se buscaba era “el paso del capitalismo a la sociedad comunitaria” (Castillo Velasco, 1973, p. 78). En esta perspectiva, tal condición se realizaría a partir de la defensa de una sociedad plural, requiriéndose transformaciones estructurales en las lógicas del poder y la consecuente desconcentración del poder económico, político y cultural en manos de una elite. El cambio propuesto se alejaba de las técnicas violentas revolucionarias a fin de dar lugar a una transición pacífica y eficaz, sostenida en el conocimiento técnico plural y las decisiones políticas destinadas a revertir las condiciones de injusticia social. La reforma agraria, la nacionalización de la minería (cobre) y el control inflacionario, conformarían las principales políticas destinadas a lograr la justicia social, condición que sería acompañada y seguida por una profunda transformación de la estructura burocrática estatal y una fuerte convicción política (Giannotti, 2011). Sergio Molina Silva (1972) alega que “fue la primera vez en Chile en que un gobierno asumía el poder habiendo preparado con bastante antelación un diagnóstico y un programa de acción” (p. 2), condición que les asignaba al partido y a la formación técnica un rol esencial para intervenir en la estructura de las políticas de gobierno.

La presencia del ingeniero agrónomo chileno Jorge Ahumada4 como asesor de la campaña de Frei no es casual. Su trabajo consistió en la delineación de la “versión chilena” de la Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República en Venezuela (Cordiplan)” (Friedmann, 1986), asesoría que se interrumpió con su repentina muerte en noviembre de 1964. Pese a esto, el gobierno continuó con la creación de la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan, 1965) que, aunque funcionaba como un órgano asesor del presidente y dependiente de él, en la práctica estaba asociada al Ministerio de Hacienda.5 Este cambio institucional frente a Cordiplan da cuenta del sesgo de su quehacer, orientado a la financiación, delineación y diagramación del desarrollo económico y social a escala nacional a partir de la coordinación presupuestaria de los diferentes ministerios. A su vez, fue su impronta técnica la que le permitió preparar un proceso de levantamiento de información estadística y cartográfica para la elaboración de programas de transformación de base científica, condición necesaria para implementar políticas de planificación.

Con la creación de las Oficinas Regionales de Planificación (Orplan) dentro de la estructura de Odeplan, el programa centralizado de gobierno se propuso “descender de las abstracciones de la planificación económica ‘global’ de nivel nacional a los programas sectoriales de inversión” (Friedmann, 1970, p. 49), con la intención de, desde un punto de vista geográfico, promover el desarrollo económico de núcleos seleccionados con el objetivo de equilibrar la fuerte centralidad política, económica y urbana del país, encarnada por su capital: Santiago (figura 2).

Paralelamente al desarrollo de Odeplan, se creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) en diciembre de 1965,6 con la función de implementar la “política habitacional del país y la coordinación de las instituciones que se relacionan con el Gobierno por su intermedio” (Ministerio de Obras Públicas, 1965). A esta nueva estructura ministerial se le asignó las funciones de concentrar y agrupar varias de las diversas instituciones y organismos en materia de habitación y desarrollo urbano que funcionaban en Chile. Raposo Moyano y Valencia Palacios (2004), en referencia a la creación del Minvu, sostienen que responde a “una política que da al Estado un rol director en la producción del espacio territorial urbano nacional” (p. 113).

Sin ir a los detalles específicos del funcionamiento de estas estructuras públicas, de sus aportes concretos y sus limitaciones, interesa remarcar que el nuevo organigrama burocrático del gobierno de Frei Montalva en materia de planificación económica, social y territorial se encontraba en estrecha concordancia con el programa político, sustentado en la “planificación estatal como guía racional para un desenvolvimiento armónico del conjunto de la sociedad” (Casals, 2014, p. 95), y cuyo objetivo era dar soluciones democráticas a los problemas de desequilibrio y desigualdad social en las múltiples escalas en que ellos se daban: nacional, regional y urbana.

 

figura 2 | Esquema de la distribución espacial de Urdapic en Chile

fuente: elaboración propia

El Programa de Asesoría en Desarrollo Urbano y Regional en Chile (Urdapic),
de la Fundación Ford

La presencia de la Fundación Ford en Chile en la década de los sesenta a través del programa Urdapic no es nueva. Ya desde mediados de los años cuarenta, Latinoamérica había sido escenario de nuevas alianzas y cruces entre política, economía y técnica. Estas circunstancias estuvieron acompañadas por la consolidación de organismos supranacionales (oea, onu, etcétera) y sus respectivas comisiones u oficinas dedicadas a América Latina, configurando un nuevo campo de acción para los expertos7 internacionales y locales. En paralelo, Chile se fue convirtiendo progresivamente en destino de la actividad internacional, reforzada a partir de la radicación de la sede de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) en Santiago en 1948 y la posterior construcción de su propio edificio en 1966, signo de la impronta de este organismo en el país. Sin embargo, fue a partir de la Revolución Cubana (1959) cuando la región comenzó a adquirir relevancia para sus vecinos norteamericanos, incrementándose la financiación y asistencia técnica de programas tendientes a controlar el avance comunista en el continente.

En un contexto signado por la modernización como horizonte, el rol de la asistencia técnica internacional adquirió un nuevo carácter a partir de la consolidación de la Alianza para el Progreso, donde las “misiones técnicas” se orientaban a la colaboración y asesoramiento en la diagramación de políticas urbanas y la estructuración institucional (Raposo Moyano & Valencia Palacios, 2004).

La Alianza promovió un programa de inversión para los países latinoamericanos destinado a la implementación de “reformas estructurales en aspectos políticos, sociales, económicos y culturales” (Quesada, 2015, p. 34), que se consolidó con la aprobación de la Foreign Assistance Act por parte del Congreso de los Estados Unidos, formalizada a través de la u. s. Agency for International Development (us-aid) que, como afirma Quesada, hace más sofisticados los “dispositivos de asistencia para suministrar fondos y dirigir y coordinar los diferentes proyectos alcanzando un profundo nivel de institucionalización en las periferias” (p. 38).

En 1963, us-aid instó a la ff a abordar un programa de asistencia técnica para el diseño y localización de una serie de proyectos piloto denominados “equipamiento comunitario”, con el objetivo de crear condiciones de sentido de comunidad en las áreas urbanas más conflictivas. En esta primera etapa en Chile (1963-1964), el Programa se vinculó al Ministerio de Obras Públicas (mop) a través de su Dirección de Arquitectura, y contaba con la participación de cinco instituciones: una firma de arquitectura estadounidense; la Rice University; académicos del Joint Center for Urban Studies del mit-Harvard; la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard; y el Instituto Internacional de Educación (Friedmann, 2010 y Giannotti, 2011). A finales de 1964, John Friedmann fue convocado por la ff para realizar un diagnóstico de dicho programa, hecho que culminaría en su contratación como director de Urdapic, en junio de 1965, y el alejamiento de su actividad docente en el Joint Center for Urban Studies mit-Harvard en Boston. En su informe abogaba por la restructuración y reorganización del programa de Equipamiento Comunitario a partir de la “ampliación de sus objetivos y la reubicación de los servicios de asesoramiento en Santiago” (Friedmann, 2010, p. 315).

Con el gobierno de Frei Montalva transitando su primer año de gestión y el correspondiente inicio de la modernización de la estructura institucional del Estado, la reformulación de Urdapic se orientó a la “creación de capacidades institucionales necesarias para actuar eficazmente frente a los cambios generados por el proceso de urbanización que se está experimentando en Chile” (Fundación Ford, 1968, p. 02). En esta línea, la acción se plantea multiescalar (nacional, regional y local/urbana) y multiinstitucional (Estado y universidad), y se establecen asesorías con organismos existentes, apoyándose la delineación y perfeccionamiento de las técnicas de planificación y, por último, el trabajo específico en la definición de políticas públicas. Los vínculos propuestos por Urdapic permiten visualizar las áreas de colaboración: un esquema que articula condiciones políticas locales con el financiamiento externo y el asesoramiento técnico de expertos extranjeros.8 La asesoría se estructuró en tres escalas institucionales: i) la nacional-estatal, a partir de los vínculos con Odeplan y el Minvu; ii) la escala estatal-regional, con las Oficinas Regionales de Planificación dependientes de Odeplan, línea en la que se prestó asesorías en tres de las cinco sedes propuestas (Magallanes, Biobío y Maule), más la incorporación posterior de la Junta de Adelanto de Arica; y iii) la academia como último plano de actuación de Urdapic, a través de la colaboración y financiación para la creación del Comité Interdisciplinario de Desarrollo Urbano y Regional (cidu, 1966) en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Este nuevo centro se ubicó en el organigrama como el espacio de provisión de insumos generales para la “capacitación permanente de profesionales en las disciplinas que interesan” (Fundación Ford, 1968, p. 07), que abastecía al Estado de profesionales capacitados en las nuevas técnicas de planificación tanto en la escala nacional como en la regional.9

El organigrama de Urdapic define el rol político-institucional que le asignaba Friedmann al programa en su totalidad en un intento por influir directamente en las políticas estatales a escala nacional. Este objetivo se sumaba a la consolidación del cidu como espacio reproductor de nuevas propuestas de planificación, lo que, a su vez, permitiría “extender el diálogo hasta el campo universitario, con miras a una vasta proyección al pensamiento y a los líderes intelectuales de cada nación” (Fundación Ford & Universidad Católica de Chile, 1965, p. 15). Esta premisa de consolidar un cuerpo técnico que funcionase como think thank del Estado fue entendida como superación de la actividad de asesoría internacional, en un contexto nacional exaltado por el Proyecto Camelot, las repercusiones de la financiación externa y el uso de las Ciencias Sociales con fines intervencionistas. Friedmann asumió una posición cautelosa frente a su propia práctica, reconociendo que la asistencia técnica externa debía respetar las direcciones y prioridades de las ideas locales, y aportar a la discusión a partir de la retroalimentación del trabajo y el “mutuo aprendizaje” (Friedmann, 2010, p. 317).

 

figura 3 | Rediseño del esquema institucional de aplicación de Urdapic en Chile

fuente: fundación ford, informe anual 1967-1968

Identificar la impronta programática de Urdapic posibilita avanzar en las ideas de Friedmann referidas a la planificación y, por consiguiente, a su propia actividad en vinculación con el programa político e institucional tanto de la ff como del gobierno de Frei Montalva (figura 3). Esta condición planteaba un nuevo escenario de actuación para los profesionales que habían operado en la delineación de políticas públicas, una actividad que les resguardaba su espacio de saber específico, pero ahora dotados de capacidad para influir en las decisiones de gobierno, despojados ya de la visión del profesional técnico “puro” ajeno a los posicionamientos ideológicos.

La crítica de la racionalidad científica
a partir de la innovación como propuesta

En 1966, Friedmann publicó “Planning as innovation: the Chilean case” en el Journal of the American Institute of Planners, volviendo discurso las bases de una nueva concepción de la planificación centrada en la acción. Este abordaje fue ideado durante el primer año de su estancia en Chile, y esbozado en un escrito que delinea las condiciones del país como un espacio constructor de nuevas estructuras políticas-burocráticas que tienen como objetivo final el establecimiento de la planificación multiescalar como estrategia política.

El texto se caracteriza por el sesgo optimista de las iniciáticas condiciones de transformación chilenas, un manifiesto de los postulados de acción que el mismo Friedmann referencia en la concepción de Hannah Arendt, quien entiende que “actuar, en su sentido más general, significa tomar una iniciativa (comenzar, conducir y finalmente gobernar), poner algo en movimiento” (Arendt & Gil Novales, 2007, p. 201). Pero este movimiento no solo implica una ruptura con la rutina, sino que pretende entender la acción como la incorporación de algo nuevo al mundo, algo que no existía hasta el momento y que cambia el curso de los acontecimientos (Arendt & Gil Novales, 2007).

Cuarenta y cinco años después de la publicación del escrito, Friedmann reconoce que la experiencia chilena constituyó su eureka, que implicó la reinterpretación del significado social de la planificación a partir de sus propias contradicciones, un giro desde el método racional y científico de toma de decisiones, a su comprensión como el “arte de vincular conocimiento a la acción en un proceso recurrente de aprendizaje social” (Friedmann, 2011, p. 4).

Esta mirada retrospectiva de su propia trayectoria permite situar al texto de 1966 en tanto manifiesto de un nuevo modelo definido como planificación innovativa:

un modo de legitimar nuevos objetivos sociales o efectuar el reordenamiento de las prioridades de los objetivos preexistentes; la preocupación por traducir valores generales en nuevas estructuras institucionales y programas de acción concretos; mayor interés en la movilización de recursos que en su uso óptimo; y, por último, orientar los procesos de innovación a través de la retroalimentación entre información y las consecuencias reales de la acción. (Friedmann, 1966, p. 194)

Así, Friedmann avanza en la concepción de la innovación como un modo de transformación estructural a partir de la movilización de recursos en áreas específicas que produzcan los resultados más significativos, aunque en ciertas ocasiones no constituyan los espacios que, bajo una lectura racional y científica, afloran como primordiales. Friedmann (1966) invierte las lógicas de pensar el proceso de planificación, el cual “aparece más como una forma de acción destinada a cambiar la naturaleza de la realidad en lugar de un proceso de pensamiento preliminar de la acción misma” (p. 195). Esta condición implica un alto grado de persuasión y apoyo político por parte de los planificadores, un trabajo que requiere la articulación entre saber técnico y propuestas de cambio, con el fin último de implantar estas ideas en la sociedad.

Además, el autor hace referencia a la importancia de introducir en las esferas políticas-burocráticas nuevas estructuras institucionales y programas de acción que incorporen políticas incrementales de adaptación al medio. Esta situación plantea una retroalimentación entre transformación y diseño de políticas, a partir de una nueva alianza entre política, burocracia y técnicos.

La idea de “plan” como concepción abstracta (racional y técnica) es abandonada y reemplazada por una forma de abordaje flexible, tendiente a impulsar la acción en sí misma por sobre el pensamiento preliminar de la acción. Advierte, así, la crítica a la actividad de los técnicos en las estructuras burocráticas y la imposibilidad de producir cambios estructurales, producto de la propia inercia del Estado. Esta noción introduce la idea de la transformación a partir de pensar el plan como una herramienta táctica que pueda incorporar nuevos objetivos en las estructuras sociales y políticas, en pos de relacionar el conocimiento científico y técnico con la acción en el ámbito público.

Su crítica a la planificación por asignación de recursos (allocative planning) se basa en su forma de operar frente a un sistema existente del cual reproduce las lógicas estructurales, imposibilitando con ello su transformación real. A su parecer, esta condición vincula la planificación indefectiblemente con la esfera académica, lo que lo lleva a sostener que su tecnificación le ha hecho perder su capacidad de innovación. En este diagnóstico, los planificadores quedan relegados a una tarea técnica que vincula la toma de decisiones al método racional basado en la optimización de los recursos, y los convierte en expertos en rational decision-making.

Sobre esta base, la propuesta de la innovación es presentada más como una premisa, una forma de abordaje de los temas-problemas, que como un método concreto. Una forma de pensar y proceder que genera nuevas retroalimentaciones entre Estado y planificación con el fin de unificar las metas políticas con el hacer técnico. Al respecto, sostiene que la “planificación innovadora es la combinación entre poder e imaginación realista, unidos a una perspicacia política que permite a un grupo de ‘planificadores’ impulsarse a la acción en un solo gesto ininterrumpido” (Friedmann, 1966, p. 196).

En 1973, Friedmann avanza en los vínculos entre innovación y urbanización reconociendo que la “frecuencia de las innovaciones se correlaciona positivamente con un alto potencial de interacción, es decir, una alta probabilidad de intercambio de información o comunicaciones” (p. 26). Reconoce así que una estructura social no jerárquica, horizontal y multicéntrica, que además se encuentre en un rápido proceso de crecimiento, es posibilitante de una mayor capacidad de generación e incorporación de innovaciones.

Avanzando en el estudio del caso particular de Chile presentado en 1966, se reconocen los indicios de un nuevo proceso de transformación y reestructuración institucional que se alinea a la planificación innovativa, el cual sirvió como estandarte del programa de gobierno de la Democracia Cristiana. Friedmann imagina que en el Chile centinela de la democracia la planificación innovativa es posible, y que podrá generar nuevos cruces entre política, sociedad y técnica con el fin de formular políticas públicas que delineen el desarrollo nacional, regional y finalmente urbano.

La diagramación y puesta en funcionamiento de Odeplan es reconocida como el acto político central para la concreción de proyectos tendientes a revertir las condiciones de desequilibrio territorial. Si Odeplan se constituye como el espacio posibilitante de nuevas estrategias de retroalimentación entre política y técnica a escala nacional-regional, la creación del Minvu asume la escala urbana del problema, no solo en términos físicos, sino también de inversión. Particularmente interesa remarcar su diagnóstico centrado en la intensificación de los desequilibrios entre centro y periferia producto de la concepción de la unidad vivienda como modo de producción del espacio, frente al reconocimiento de la condición social-urbana, que incorpora infraestructuras, equipamientos comunitarios y servicios.

Por último, el cidu es planteado como centro pionero para la consolidación del ideal planificador entre los nuevos profesionales que abordan el territorio como objeto de indagación, resaltando la interdisciplina como un factor determinante para el éxito del programa.

En este escenario, Friedmann traza un recorrido a partir de dos propuestas que se encuentran en línea con su postulado en favor de la innovación: la generación de un programa de Ciudades Satélites; y, en segundo lugar, la generación, dentro de la Corporación de la Vivienda (Corvi),10 de una oficina de proyectos. En el primer caso, se sitúa por fuera de la estructura estatal (Sociedad Chilena de Planificación y Desarrollo [Plandes]), habilitando un nuevo espacio de debate de la política habitacional implementada por la Corvi en el contexto de las asociaciones profesionales. En referencia a la Corporación, la innovación es de carácter institucional, sustentada en una nueva oficina de programación que tiene como objetivo articular desarrollo de viviendas con equipamientos urbanos, y la integración de los nuevos desarrollos a la ciudad existente.

La reconstrucción del pensamiento de Friedmann plantea un arco que se inicia con un posicionamiento de fuerte impronta desarrollista, sustentado en la ciencia y la técnica, y continúa con la idea de innovación como camino para la transformación de las estructuras sociales. La acción adquiere un rol central en su teoría, al ser considerada como un modo de actuación particular que relaciona saber técnico con diseño de políticas públicas. En esta línea, los vínculos entre política y técnica se reconfiguran, generando nuevos espacios de retroalimentación que superan la condición de los planificadores como “expertos” de la realidad, para pasar a configurarlos como “actores” de la transformación y la construcción de una nueva cultura de la planificación.

Es sobre la base de la planificación innovativa que Friedmann levanta su andamiaje teórico-metodológico de la planificación, cuyos límites y alcances va a refinar en los años subsiguientes, a la luz de las transformaciones ocurridas a escala global en dicho ámbito. En este sentido, la ilusión de los primeros años va dando paso a la madurez de sus formulaciones y a la creciente participación de los usuarios, ya no como reproductores de la cultura de la planificación innovativa, sino como productores del cambio y actores principales de la transformación.

De la planificación como técnica a la cultura de la planificación

La lectura del desplazamiento de las ideas de Friedmann desde su experiencia en Sudamérica a su estancia en Chile (1959-1969), permite comprender el paso desde la identificación de la planificación como técnica racional, a una idea sustentada sobre la base de la acción que él mismo define como ‘planificación innovativa’.

Sostenemos que, en la primera etapa de su trabajo, se reconocen las bases de su formación en Chicago y la adscripción a una idea de la planificación como método racional de toma de decisiones, sustentado en la ciencia y en la técnica, como motor de la transformación. Estas ideas fueron ampliamente difundidas en el medio latinoamericano, consolidando entre los planificadores económicos y territoriales la premisa de que, para superar las condiciones de atraso y alcanzar los niveles de desarrollo deseados, era necesario introducir transformaciones estructurales desde la racionalidad técnica.

Pero, ¿por qué Friedmann enuncia los postulados de la planificación innovativa en Chile? En primer lugar, reconocemos que en el período entre su visita como asesor y su radicación como director de Urdapic, en junio de 1965, la dc había elaborado su programa político sobre la base del consenso social, el reconocimiento de los técnicos y la necesidad de modernizar las estructuras burocráticas del Estado a partir de la estructuración de Odeplan y del Minvu. De esta forma, el primer paso de organización institucional ya estaba dado y, más aún, se presentaba sobre la base política de la transformación social y del respeto a las libertades individuales. A esto se suma la continuidad de gobiernos democráticos (Carlos Ibáñez, 1952-1958; Jorge Alessandri, 1958-1964 y Eduardo Frei Montalva, 1965-1969), situación que ya presentaba una inusual singularidad frente a los avatares políticos de la región.

En segundo término, para 1965, Latinoamérica contaba con experiencias planificadoras. La presencia de Ahumada como asesor presidencial fortaleció los cruces regionales en un período de crecimiento del mercado laboral para los planificadores latinoamericanos, fase que se complementó con el aumento de la asistencia técnica extranjera. Las misiones de fundaciones filantrópicas, los programas universitarios y la política exterior a partir del Punto iv y la Alianza para el Progreso, convirtieron a Chile en un espacio propicio para la transformación, un “laboratorio de experimentación de hipótesis modernizadora”, en los términos de Gorelik (2005, p. 118).

Desde esta perspectiva es posible suponer que, a su llegada al país, Friedmann no se encontraba ajeno al proceso de transformación en curso, convirtiéndose Chile en una plataforma posibilitante para ensayar sus ideas, aquellas que abandonaban la racionalidad técnica en pos de la consolidación de una cultura de la planificación en la sociedad.

Este proceso fue abordado desde tres acciones concretas: Urdapic y su asesoría estatal, la construcción teórica de la idea de innovación y, por último, la fundación del cidu. En el primero se delinean los mecanismos de asesoramiento en las instituciones gubernamentales, desde su carácter multiburocrático y multiescalar, con el fin de direccionar los proyectos logrando mayor eficiencia frente a los desequilibrios regionales. Con la planificación innovativa, Friedmann hace discurso el cambio de perspectiva de la planificación, donde la acción se constituye como la base del argumento. Propone nuevos vínculos entre política y técnica, no solo mediados por el saber técnico, sino, principalmente, por la innovación “creativa” (Friedmann, 1966) y los intentos por introducir modificaciones que, en los canales tradicionales de pensamiento y gestión, serían imposibles. En este esquema, el cidu se presenta como el espacio reproductor de estas ideas que, entendido dentro de un programa de asesoría más amplio, va a formar profesionales bajo estas premisas y, por lo tanto, colaborar en la consolidación de una cultura de la planificación en Chile.

Frente a estas observaciones, argumentamos que es “en” Chile y “por” Chile que su eureka suma una nueva arista de análisis. Si bien se reconoce el poder creativo de Friedmann para delinear una nueva concepción de la planificación innovativa, estas ideas se presentan en un proceso en el que la política de la dc estaba ensayando nuevos vínculos entre programa político y sociedad, una retroalimentación de la que Friedmann no fue ajeno, compatibilizando ideas en su propia diagramación de la planificación.

Agradecimientos

Este artículo ha sido realizado en el marco del Proyecto Fondecyt Posdoctoral Nº 3170311 “Los centros del Cono Sur y la producción de saberes en torno a la planificación y el desarrollo”, del cual la autora es investigadora responsable. Se agradece a Fondecyt el financiamiento otorgado para la realización de este escrito.

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1 En 1963 la Fundación Ford inició un Programa de Equipamiento Comunitario para asesorar al Gobierno de Chile en los problemas relacionados con el mejoramiento de las condiciones materiales de vida de las comunidades de bajos ingresos. El Programa contaba con la asistencia técnica de las Universidades de Harvard y Rice, y la Pontificia Universidad Católica de Chile como socio local.

2 En 1965 se efectivizó el acuerdo de colaboración entra la ff y la puc para iniciar las actividades del Comité Interdisciplinario de Desarrollo Urbano y Regional (cidu).

3 Cabe destacar que, entre 1940 y 1960, Santiago duplicó su población, introduciendo transformaciones en el tejido urbano. En esta línea, el Estado promovió algunos proyectos tendientes a revertir este problema, entre ellos la Unidad Vecinal Dr. Exequiel González Cortés (Villa Olímpica, 1961-1964), las viviendas de autoconstrucción en La Reina (1964-1968), la Unidad Presidente Frei (Villa Frei, 1964-1968), la Remodelación San Borja (1969) y la Villa San Luis (1972). En paralelo, a inicios de los años sesenta se definió el Plan Regulador Intercomunal de Santiago, que posibilitó la formulación de grandes operaciones infraestructurales referidas a la vialidad y la dotación de redes de servicios en nuevos sectores de la ciudad.

4 Ahumada había realizado estudios de posgrado en Economía en la Universidad de Harvard (Estados Unidos), y se desenvolvió como profesor en universidades de Puerto Rico y Guatemala. Prestó servicios en el Fondo Monetario Internacional (fmi) y, a partir de 1950, retornó a Chile para integrarse a las filas de la Cepal (Santiago). Previo paso por Cuba, Ahumada participó en 1961 en la creación del Centro de Estudios de Desarrollo (Cendes) en Venezuela, junto con Luis Lander. La estancia venezolana lo acercó a la experiencia de Cordiplan durante el gobierno de Betancourt.

5 Friedmann (1973) sostiene que la razón más importante para localizar la oficina de planificación nacional bajo la esfera de acción del Ministerio de Hacienda se basa en que uno de los instrumentos de la política de planificación regional a escala nacional es la localización de infraestructuras que impactan directamente en el desarrollo industrial.

6 La creación del Minvu se aprobó el 16 de diciembre de 1965, mediante la Ley 16391.

7 Se identifica a la figura del experto como aquel profesional que posee un profundo conocimiento en un área de expertise, ya sea de orden teórico o práctico, y que cuenta con credenciales académicas que avalan dicho conocimiento. El dominio de la técnica por parte del experto supone una neutralidad y la búsqueda del bien común como horizonte de acción.

8 Entre los asesores externos vinculados a la ff se encontraban John Friedmann, Walter Stöhr, Ralph Gakenheimer, René Eyhéralde, Charles Frankenhoff, Francis Earwaker, Francisco Vázquez y John Miller.

9 En 1966, el cidu impartió el primer curso de extensión intensivo a pedido del Minvu y en colaboración con la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, denominado “Curso de Programación del Desarrollo Comunal”. Contó con la participación de 35 técnicos municipales que realizaban labores en planificación urbana en Chile, y su objetivo fue formar a los funcionarios públicos para el trabajo en las oficinas de programación municipal que el Minvu ya había establecido (10) o bien intentaba crear en el próximo año. En 1967 se dictó el curso referido a la programación de las inversiones regionales para planificadores, financiado por Odeplan, que contó con la asistencia de 25 funcionarios estatales. Al año siguiente se impartió el seminario de “Planificación Regional” para funcionarios de Odeplan y oficinas de planificación del sector público, que contó con 25 alumnos; a este se sumó un curso de “Desarrollo Comunal en Áreas Metropolitanas” destinado a funcionarios de las municipalidades de las tres áreas metropolitanas del país: Santiago, Valparaíso y Concepción (32 alumnos), y un curso sobre conceptos y técnicas de la planificación social, destinado a las instituciones privadas chilenas que trabajaban en la promoción del desarrollo social.

10 La Corvi se creó en 1953 por el Decreto Ley Nº 285, bajo la presidencia de Carlos Ibáñez del Campo, como resultado de la fusión entre la Caja de Habitación y la Corporación de Reconstrucción y Auxilio.

vol 46 | no 137 | enero 2020 | pp. 27-46 | artículos | ©EURE

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Monti, A. (2020). De la planificación como técnica a la cultura de la planificación. John Friedmann en Chile 1959-1966. Revista EURE - Revista De Estudios Urbano Regionales, 46(137).