Vol.
43

130
2017
fernandezvega

¿Lo rural en lo urbano? Localidades periurbanas en la Zona Metropolitana del Valle de México

Perla Fernández. Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México.

Sergio de la Vega. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Ciudad de México, México.

resumen | La diversidad socioterritorial de las localidades periurbanas menores de 2.500 habitantes en la Zona Metropolitana del Valle de México evidencia la heterogeneidad de la relación entre la metrópoli y su entorno en procesos altamente complejos. A través de un estudio geoestadístico y de análisis espacial, se presenta el resultado de la interacción de tres categorías que caracterizan el espacio periurbano de la Zona Metropolitana del Valle de México: lo demográfico, el uso del suelo y lo agropecuario, que en conjunto muestran la diversidad socioterritorial de los pequeños asentamientos de la orilla de la metrópoli. Principalmente se cuestiona el uso de la categoría “rural” para definir el territorio periurbano bajo una visión homogénea.

 

palabras clave | áreas metropolitanas, relación campo-ciudad, asentamientos humanos.

 

abstract | The socioterritorial diversity of peri-urban villages under 2.500 inhabitants in the Metropolitan Area of Mexico City, show the heterogeneity of the relationship between the metropolis and its countryside in highly complex processes. Through a statistical study and geo-spatial analysis, this paper presents the results of the interaction of three categories that characterize the peri-urban space: The population, land use and agricultural practices. Together they make evident the socioterritorial diversity of small villages from the edge of the metropolis. Mainly, this paper questions the use of the “rural” category to define the peri-urban territory under a homogeneous view.

 

keywords | metropolitan areas, countryside-city relationship, human settlements.

Recibido el 21 de julio de 2015, aprobado el 8 de junio de 2016

E-mails: P. Fernández, perla.yannelli@gmail.com, pfernandezS@iingen.unam.mx | S. de la Vega, dlve4078@correo.xoc.uam.mx

Introducción

La transformación de los procesos territoriales en México durante las últimas dos décadas obedece a un modelo económico que ha priorizado el desarrollo de los mercados globales bajo la lógica de la eficiencia y competitividad. Todo esto ha ocasionado que la concentración espacial de los servicios, la infraestructura, los distritos industriales y de negocios se ubiquen en las principales ciudades. El proceso de metropolización en México ha propiciado cambios en la relación entre la urbe y su entorno, que han llevado a que la expansión y el crecimiento propio de la ciudad consuman el suelo y los recursos de los territorios contiguos.

Este trabajo se inscribe en el debate por categorizar los pequeños asentamientos menores de 2.500 habitantes en el territorio periurbano de la Zona Metropolitana del Valle de México (zmvm), y contribuir en la construcción de una teoría que discuta el tema del territorio que circunda las ciudades. Se considera como objeto de estudio a los pequeños asentamientos tipificados en los censos nacionales como rurales, y se hace una crítica al considerar que “lo rural” es una clasificación que oculta y subsume procesos socioterritoriales más complejos.

El objetivo es distinguir la variedad de pequeñas localidades del espacio periurbano de la zmvm y documentar los diferentes tipos de asentamientos que se identificaron. Se busca no solo mirar la variedad de asentamientos que existen en la orilla de la metrópoli desde la demografía, como lo han hecho las entidades gubernamentales en México, sino integrar aspectos como el tipo de uso del suelo y la persistencia de una actividad productiva agropecuaria, así como lugares, procesos y relaciones de menor escala que caracterizan el espacio periurbano de la región.

Se partió de la premisa de que el territorio no es homogéneo, por lo que no todas las pequeñas localidades asentadas en la porción periurbana de la zmvm tendrían que ser iguales. En esta línea, las preguntas que guiaron el análisis fueron: ¿qué tipo de pequeñas localidades existen en la zmvm?, y ¿por qué son consideradas censalmente bajo un mismo concepto de rural? La respuesta llevaría a distinguir múltiples diferencias.

Para lograr el objetivo propuesto, se desarrolló una metodología basada en datos censales del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi, 2010), orientada a delimitar el universo de estudio, constituido por 1714 localidades con menos de 2.500 habitantes dentro del territorio que comprende la zmvm. Esta se encuentra constituida por 76 municipios conurbados de los estados Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo. El análisis consideró distintas variables, como tamaño de población, tasas de crecimiento, localización geográfica, uso del suelo y vegetación, primer tipo de actividad económica en la localidad, entre otras. Con base en los resultados obtenidos se concluyó la importancia de agrupar la información bajo tres categorías: lo demográfico, el uso del suelo y lo agropecuario. A partir de los resultados, se construyeron metodológicamente dos grandes tipos de asentamientos en el territorio periurbano de la zmvm: las localidades satélite y las localidades dispersas.

En una segunda etapa de análisis y a partir de la ausencia de datos censales más precisos sobre el territorio, se realizó un muestreo estadístico de 315 localidades. Este muestreo permitió un mejor acercamiento a la dinámica de los asentamientos al utilizar una escala menor de análisis, con el apoyo de mapas y fotografías aéreas (United States Geological Survey [usgs],1 2015). De esta forma se identificaron los diferentes rasgos del paisaje, como relieve, morfología, entorno, tipo de vivienda y tipo de actividad agropecuaria, entre otras, que evidenciaron la existencia de cinco subtipos de asentamientos en la región.

El territorio, la metrópoli, y lo periurbano:
categorías teóricas para el análisis de la relación campo-ciudad

A diferencia de lo que conceptualizamos como territorio, el espacio por sí mismo existe, no requiere de límites concretos y rígidos, es ontológicamente libre. Es el ser humano quien se lo apropia, le asigna un carácter social, de transformación, porque refleja la complejidad física, mental y social del habitar (Lefebvre, 1991, p. 21). Por su parte, el territorio como sustento material de los procesos y relaciones metropolitanas que se analizarán en este trabajo, se define como “porción de la superficie terrestre perteneciente a una nación, región o provincia”.2 El territorio connota apropiación, dominación, defensa, pertenencia e identidad sobre un espacio, con límites claros y concretos; hace referencia a la posesión y al control y apropiación. Por lo tanto, entender el territorio implica no solo la comprensión histórica del medio físico; también abarca una clarificación de las pautas sobre las que se ha establecido dicho control y apropiación por parte de grupos sociales que le han otorgado un sentido jurisdiccional, de pertenencia y, sobre todo, de cambio o transformación a lo largo del tiempo. Sin embargo, en América Latina, el concepto de territorio es utilizado generalmente “para dimensionar las transformaciones particulares que se desarrollan en un espacio determinado” (López & Ramírez, 2012, p. 27). Es en el territorio donde se constituye “un sistema complejo en el que interactúan las diferentes dimensiones de la vida social” (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [Cepal], 2011, p. 14), y donde “la sociedad se vincula particularmente con su entorno a través de las relaciones sociales” (Pradilla, citado por López y Ramírez, 2012, p. 28), ya sea el campo o la ciudad.

Con base en lo anterior, el concepto de territorio permite la articulación de dinámicas para la interpretación de procesos clave de escala metropolitana en interacción, como es el caso de lo rural y lo urbano. La metrópoli se constituye territorialmente por diversos espacios jurisdiccionales, interrelacionados por dinámicas socioeconómicas complejas. Desde el punto de vista institucional y operativo, la metrópoli es el “conjunto de dos o más municipios donde se localiza una ciudad de 50.000 o más habitantes, cuya área urbana, funciones y actividades rebasan el límite del municipio que originalmente la contenía, incorporando como parte de sí misma o de su área de influencia directa a municipios vecinos, predominantemente urbanos, con los que mantiene un alto grado de integración socioeconómica; en esta definición se incluyen además aquellos municipios que por sus características particulares son relevantes para la planeación y política urbanas” (Consejo Nacional de Población [Conapo], 2016). Las funciones y actividades que se desarrollan en la metrópoli se caracterizan por ser diversas, complejas, especializadas y en constante cambio, espacialmente concentradas en uno o varios núcleos circundados por territorios amplios y diluidos de infraestructura urbana. La dinámica territorial específica que ocurre en los espacios limítrofes de las metrópolis ha sido denominada como periferia (Bazant, 2009), corona regional (Delgado, Larralde & Anzalde, 1999), borde (Ramírez, 2007) o periurbano (Ávila, 2001; Banzo, 2005; Barsky, 2013).

En este trabajo se ha optado por el uso de la categoría “espacio periurbano”, al considerar que los espacios limítrofes mencionados constituyen un territorio de “interfase entre dos tipos geográficos aparentemente oposicionales y bien diferenciados, el campo y la ciudad” (Barsky, 2013, p. 28), cuya definición y delimitación es compleja y cambiante, con una gran diversidad de usos del suelo. “Es un espacio que se define por la indefinición: no es campo, ni es ciudad” (ibíd.) Sin embargo, desde el punto de vista propio de la interacción entre ambos espacios, se ha demostrado que existe una relación bidireccional de lo urbano con lo rural (Arias & Ramírez, 2002; Fernández, 2011), según la cual ambos espacios reciben y aportan elementos que construyen una dinámica metropolitana, por lo que existe una constante readecuación del territorio en formas híbridas que conjugan características tanto rurales como urbanas (Ávila, 2011; Ramírez, 2003). En este acercamiento, en esta búsqueda de nuevas interrelaciones dinámicas es que varían sus formas de interacción. Es ahí, entonces, donde se encuentra la gran diferencia en su conformación y la necesidad de su redefinición.

El agotamiento de la definición de lo rural en un contexto metropolitano

Tradicionalmente, la definición de lo rural se inscribe en la dicotomía campo-ciudad: lo que es ciudad no es campo y lo que no es campo es ciudad. Desde la economía, lo rural se asocia al territorio que sustenta las actividades del sector primario, como la agricultura y extracción de recursos naturales, aunque, para la Cepal (2011), “la economía rural está sobredeterminada a la economía agrícola, haciéndose una sola” (p. 14). Para otros, la dimensión que define lo rural sería la cultura (Lezama, 2002); en esta perspectiva, lo rural se asocia con la conservación y desarrollo de valores que tienen como base el bienestar de la comunidad, la religión y la homogeneidad de sus habitantes, entre otras características.

Aunada a estas categorías definitorias de lo rural, la demografía aporta significativamente a la construcción teórica de lo rural, al considerar la distribución de la población sobre el territorio; en este caso, caracterizada por una menor densidad poblacional y mayor cantidad de características económicas y culturales de “tipo rural”. Por lo general este criterio demográfico ha servido como instrumento de clasificación poblacional en los censos nacionales, como en el caso de México, en el que la institución responsable del conteo de la población, el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, categoriza la distribución espacial de la población en rural y urbana a partir del tamaño poblacional de los asentamientos humanos, considerando la cifra de 2.500 habitantes como tope para tipificar las localidades como rurales, independientemente de variables económicas, culturales o territoriales.

La importancia de esta dimensión demográfica de lo rural, de la cual se desprenden el análisis y cuestionamiento en este trabajo, reside en la implementación de políticas de desarrollo en México para las localidades rurales en las que, por lo general, se aplican de manera homogénea “estrategias de atención a poblaciones marginadas, empobrecidas, invisibles, vulnerables, desarticuladas, dispersas y de alto riesgo” (Cepal, 2011, p. 14), a pesar de las claras diferencias que pueden existir entre dichos asentamientos.

Actualmente existe un consenso en el debate, según el cual se reconoce que lo rural ya “trasciende lo agropecuario, y mantiene nexos fuertes de intercambio con lo urbano, en la provisión no solo de alimentos, sino también de gran cantidad de bienes y servicios” (Pérez, 2001, p. 18). Desde el punto de vista empírico, existen evidencias de pequeños asentamientos lejanos de la ciudad en los que se observan prácticas vinculadas con la industria, el comercio o los servicios, todas actividades asociadas con lo urbano. Con todo esto, se destaca que la agricultura periurbana enfrenta un momento de crisis económica basada en la pobreza y la inseguridad alimentaria (Ávila, 2011); y junto con ello, en el marco de nuestro análisis, que la delimitación precisa entre lo urbano y lo rural en la actualidad ya no es clara, por lo que es necesario aportar ideas y evidencias que ayuden en la construcción de categorías que teoricen sobre dichos procesos y enriquezcan el desarrollo de una teoría del territorio periurbano, como algunos autores sugieren (Reyes, 2012).

La conformación de la zmvm y su delimitación administrativa

La delimitación de la zmvm ha sido un ejercicio institucional constante, en el que se ha buscado encontrar las fronteras que contienen una compleja y constante expansión urbana, cuya dinámica consume y transforma los territorios contiguos.

En 2003, se creó una comisión conformada por la Secretaría de Desarrollo Social, el Consejo Nacional de Población, y el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Sedesol, Conapo e Inegi), para identificar las zonas metropolitanas en el país. Desde entonces destaca, por volumen de población, en primer lugar la Zona Metropolitana del Valle de México, en un total de 59 metrópolis a nivel nacional (Sistema Urbano Nacional [sun], 2012). En 2005, dicha comisión consideraba que la zmvm estaba conformada por 76 municipios conurbados3 de tres estados de la República Mexicana: Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo. En 2011 se realizó un Convenio de Coordinación para el Programa de Ordenamiento Ecológico Regional de la Cuenca del Valle de México, en el cual se definió que la metrópoli incluye un total de 100 municipios conurbados (Programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México [pozmvm], 2011, p. 12). Esta última delimitación se ha construido bajo un criterio biogeográfico de cuenca. Algunos autores (Aguilar & Alvarado, 2004; Conolly, 1999; Delgado et al., 1999; Santos & Guarneros, 2004) han delimitado la región a partir de diferentes criterios, para integrar a los municipios conurbados. Lo importante es que su delimitación sea acorde con el objetivo que se quiere alcanzar.

En este trabajo se busca identificar el proceso de interacción entre lo urbano y lo rural inscrito en el espacio de transición y disolución de lo urbano en sus espacios contiguos. Bajo ese fundamento, se considera suficiente delimitar la zmvm a 76 municipios,4 de manera de lograr una mayor precisión y mirar lo que ocurre en los límites permeables en donde lo urbano y lo rural se tocan. ¿Para qué abrir más la mirada, si lo que se quiere es encontrar la variedad en la intersección entre lo urbano y lo rural?

Es importante destacar que la conformación del territorio de la zmvm no es homogénea, y ahí donde la mancha urbana se diluye, aparecen múltiples formas de territorio, muchas veces asociadas a la sustentabilidad y la conservación de recursos naturales. Así, ofrecen servicios ambientales como “la formación de suelos, la recarga de mantos acuíferos, mejoramiento de la calidad del aire y del paisaje urbano, favorecen la regulación climática, proveen espacios para el desarrollo de flora y fauna, amortiguan ruido de baja frecuencia, contienen las inundaciones, proporcionan espacios para la recreación y el esparcimiento, facilitan el reforzamiento de la identidad social” (pozmvm, 2011, p. 48), funciones que son cubiertas por 71% de las 7.816 hectáreas que conforman la superficie de la región.

Es en este suelo no urbano donde ocurren todos los procesos de interacción entre el campo y la ciudad, y es ahí donde se descubren variantes de lugares que muchas veces no tienen un denominador común. Entonces, ¿lo rural se define por tamaño y densidad de población, por superficie de suelo edificada y continua, por la existencia de prácticas agropecuarias, o por todas las anteriores?

Tres dimensiones de análisis de lo rural en lo metropolitano

A partir del análisis de tres categorías fundamentales para la definición de “lo rural” —lo demográfico, el uso del suelo, la actividad agropecuaria—, se identificaron diferentes tipos de asentamientos. Ello supone cuestionar el uso de una misma categoría, en este caso lo “rural”, para tipificar institucionalmente5 a dichos asentamientos.

Según las categorías de análisis aquí aplicadas, lo demográfico define los pequeños asentamientos humanos, dentro del rango de uno a 2.500 habitantes. La categoría de uso del suelo remite a la clasificación y normatividad asociada para usufructuar el territorio. Por último, se considera la actividad agropecuaria, por su íntima relación con la definición de lo rural: constituye el sector productivo base de la actividad económica de estos territorios, la misma que por sus características requiere de espacios amplios y libres de edificaciones.

Lo demográfico

La zmvm está conformada por 20.116.842 habitantes (Inegi, 2010), de los cuales 55,5% se localiza en los municipios conurbados del Estado de México, 44% en la Ciudad de México y solo 0,5% en Hidalgo. De acuerdo con la tabla 1, solo 2,2% de la población metropolitana habita en las 1.714 localidades que cuentan con menos de 2.500 habitantes.

tabla 1 | Población de la zmvm en 2010 por tipo de asentamiento

población total

población en localidades < 2.500 habitantes

población en localidades > 2.500 habitantes

Municipios Conurbados, Estado de México

11.168.301

55,5%

391.153

3,5%

10.777.148

96,5%

Delegaciones de la
Ciudad de México

8.851.080

44,0%

40.622

0,5%

8.819.458

99,5%

Municipio de Tizayuca, Estado de Hidalgo

97.461

0,5%

7.338

7,5%

90.123

92,5%

Total

20.116.842

100,0%

439.113

2,2%

19.686.729

97,8%

fuente elaboración propia a partir de datos censales de inegi (2010)

Del total de localidades con menos de 2.500 habitantes, en un 30,0% están ubicadas en las delegaciones de la Ciudad de México, mientras que 68,5% pertenece al Estado de México, y solo 1,5% de esa cifra incluye localidades del Estado de Hidalgo. Los municipios conurbados del Estado de México son los que mayor aporte de pequeñas localidades hacen a la dinámica de la metrópoli, por lo que se esperaría que la expansión urbana y el crecimiento de la ciudad se esté llevando a cabo ahí, en estos pequeños asentamientos en la orilla de la región, al recibir a la población migrante, ya sea de otros municipios de la zona o incluso de otros estados de la república.

Respecto a las tasas de crecimiento poblacional (tabla 2), 69% de las localidades menores de 2.500 habitantes de la zmvm mostró un aumento superior a la media regional de 0,91% en el periodo 2005 a 2010. Se observa que las localidades con menos de 2.500 habitantes crecieron en la primera década del siglo xxi a una tasa de 110%, nivel muy superior a la media metropolitana, ya que pasaron de 36.769 habitantes en el año 2000 a 439.113 en 2010. Las localidades con menos de 2.500 habitantes crecieron nueve veces más que el resto de la región en el periodo 2000-2005; sin embargo, es significativo el dato de crecimiento cercano a 150% para el periodo 2005-2010 (tabla 2), mientras que se observa un despoblamiento en la parte de las localidades mayores de 2.500 habitantes, lo que podría pensarse como un éxodo urbano intrarregional.

tabla 2 | Tasas de crecimiento poblacional por tipo de asentamiento

localidades <2.500

localidades >2.500

zmvm

2000-2005

8,11

0,90

0,92

2005-2010

149,93

0,51

0,91

fuente elaboración propia a partir de datos censales del inegi (2010)

De las 1.714 localidades con menos de 2.500 habitantes, solo 15,7% son de reciente formación,6 por lo que puede pensarse en una consolidación e incremento poblacional en los asentamientos ya establecidos desde antes del año 2000. El crecimiento de la región se está manifestando claramente sobre un patrón de poblamiento de expansión hacia las orillas, principalmente en el oriente de la región, en territorios contiguos a la mancha urbana sobre el territorio no urbano, más que por un proceso de redensificación de la ciudad. Ahora, hay que dirigir la mirada a estos espacios con suelo no urbano y adentrarse en las condiciones socioterritoriales que motivan el desarrollo de pequeños asentamientos en las orillas de la metrópoli.

El uso del suelo

Existen varios criterios para clasificar el suelo de la zmvm; sin embargo, en este caso se hará referencia a la división socioterritorial del suelo como urbano y no urbano.

El suelo urbano es definido a partir de un uso destinado a la habitación, a los usos comerciales y/o servicios y a la industria (pozmvm, 2011), con densidades poblacionales de alrededor de los 100 y 200 habitantes por hectárea. Se estructura formalmente a través de polígonos, debido a que su superficie es más o menos continua y delimitada por vialidades, y su perímetro puede recorrerse en su totalidad (inegi, 2007a). La contraparte, el suelo no urbano, o a veces llamado también de conservación, se define por oposición al urbano. Sus usos son variados y predominan los que se asocian con actividades agropecuarias, de pesca y conservación de recursos naturales; por lo tanto, sus densidades poblacionales son menores a 10 habitantes por hectárea. Coincidentemente, este suelo no urbano se corresponde con la porción periurbana de la región, aunque la definición de esta última es aún más amplia.7

La dinámica de crecimiento y expansión de la zmvm data de principios de la década de 1940 (Unikel, 1970). Desde entonces se ha caracterizado por la incorporación progresiva de nuevos territorios, ya sean delegaciones o municipios en contornos que rodean la ciudad central. Desde 1990, el crecimiento de la metrópoli presenta un patrón atomizado y disperso por todo el territorio no urbano, en asentamientos de pequeñas dimensiones y en ocasiones de tipo clandestino o irregular, en un proceso cada vez más amplio de incorporación de suelo periurbano.

La zmvm cuenta con una superficie de 7.819 kilómetros cuadrados. Los polígonos urbanos equivalen al 29% del total de la superficie, mientras 71% es de suelo no urbano con usos como la agricultura, la ganadería, la conservación de bosques, cuerpos de agua, pastizales y áreas naturales protegidas o áreas de conservación de los ecosistemas. El suelo urbano se concentra principalmente en las delegaciones de la Ciudad de México y en los municipios del Estado de México con los que colinda.

En lo que se refiere al suelo periurbano (figura 1), las localidades menores de 2.500 habitantes presentan dos patrones de conformación territorial: el primero es de tipo disperso, con un esquema más o menos definido sobre caminos principales, suelo con vocación agropecuaria o de bosque; en el segundo caso se advierten pequeñas localidades alrededor de pueblos o polígonos urbanos más grandes.

figura 1 | Territorio de la zmvm, uso de suelo y localidades menores de 2.500 habitantes

fuente elaboración propia con datos inegi (2010)

figura 2 | Conformación territorial en el oriente de la zmvm

fuente elaboración propia con datos inegi (2010)

La parte oriente del suelo no urbano (figura 2) de la región se distingue por ser mayoritariamente una planicie. Hacia el suroriente, la topografía se va elevando paulatinamente hasta encontrarse con las faldas del volcán Popocatépetl. La estructura morfológica de las pequeñas localidades es mayoritariamente dispersa, aunque hay un cierto patrón de proximidad a polígonos urbanos y caminos principales. Cabe destacar la concentración urbana y densidad poblacional8 en los municipios del Estado de México,9 que prolongan la mancha urbana oriente de la Ciudad de México hacia la zona fértil y lacustre del lago de Texcoco (figura 2). Explica este proceso el bajo costo de la tierra y el hecho de que el mercado urbano formal del suelo quede fuera del alcance de la población demandante en la ciudad, de tal manera que los procesos informales de ocupación del territorio se siguen desarrollando en la parte periurbana oriente (Eibeschutz & Goya, 2009).

Si bien el territorio de la zmvm es heterogéneo, la concentración histórica de la ciudad impacta y define la conformación del suelo no urbano que la rodea, el cual facilita o inhibe la consolidación o formación de pequeñas localidades, cuyas particularidades socioterritoriales son variadas y definidas por el entorno mismo. Por lo tanto, se cree que hay una relación bidireccional entre las pequeñas localidades asentadas en el suelo no urbano de la región, y los polígonos urbanos contiguos. Tal relación se da en tres aspectos: primero, las localidades pequeñas albergan población nueva o expulsada de la ciudad; segundo, provechan el equipamiento, los servicios y el transporte público de los polígonos urbanos más próximos; y tercero, constituyen reserva de mano de obra, recursos naturales y agropecuarios que se producen generalmente en los espacios no urbanos (Fernández, 2011) y que surten al mercado de la ciudad.

Las pequeñas localidades son espacios potenciales de crecimiento y expansión urbana de la metrópoli. Lo que se requiere identificar es el carácter de dichos asentamientos, si son más asentamientos semilla de expansión o localidades que aportan productos agropecuarios al mercado y al consumo de la ciudad.

Lo agropecuario

Se considera que el sector agropecuario de la zmvm tiene niveles de baja productividad a nivel nacional (Inegi, 2007b); además, debe considerarse que la práctica del tipo de actividades que lo caracterizan es un factor de pérdida de cobertura vegetal y degradación de los ecosistemas regionales. Por otro lado, existen espacios de alta tradición agropecuaria en la región, principalmente en el sur de la Ciudad de México, en donde se produce principalmente maíz, hortalizas, flores y nopal, que abastecen al mercado local. En general, los principales cultivos de la región son avena forrajera y en grano, cártamo, ebo, maíz, frijol, cebada, nopal y, en menor, escala hortalizas (ibíd.).

El tipo de agricultura que se practica en la mayoría de las áreas rurales de la zmvm, que corresponden al Suelo de Conservación, presenta muchos problemas ambientales y de sustentabilidad. Se trata de agricultura tradicional minifundista, en la que “97% de las unidades de producción son de menos de cinco hectáreas que se expanden sobre zonas boscosas y a menudo en laderas” (pozmvm, 2011, p. 50); la actividad pecuaria es de tipo pastoreo extensivo sobre pastizales, cuyos rendimientos son bajos (Inegi, 2007b). La contribución al pib del sector primario de la región a nivel nacional es de 0,1% (ibíd., p. 51), lo que le otorga el carácter de actividad agropecuaria de autoconsumo, porque solo 28% de la producción es comercializada.

El sector agropecuario “constituye una actividad que marca y anticipa la trayectoria de los cambios en el uso, de forestal a agrícola y de agrícola a urbano. Esta dinámica refleja el diferencial de valor-precio entre la tierra agrícola y la urbana, pero habla también de la precaria valorización de los servicios ambientales y la falta de instrumentos fiscales y crediticios de compensación y cambio” (ibíd., p. 51).

Según se sintetiza en la tabla 3, de los 1.714 asentamientos menores de 2.500 habitantes ubicados en el territorio periurbano, un 42,6% se dedica a actividades agropecuarias como actividad económica primaria. El valor de lo agrícola en la región no se debe al volumen de cultivo nacional, sino más bien a su contribución a la economía doméstica y al autoconsumo de las personas que lo practican, porque representan estrategias de sobrevivencia de la población: “La producción de alimentos en la ciudad juega un papel central para la solución integral de urbanización, deterioro ambiental y pobreza” (Ramírez, 2003, p. 197), así como en relación con los valores culturales y comunitarios asociados a la práctica agropecuaria del territorio.

tabla 3 | Localidades de la zmvm con menos de 2.500 habitantes con actividad agropecuaria como actividad económica principal

estado

total de localidades dentro de la zmvm

localidades dentro de la zmvm con actividad agropecuaria

porcentaje

Municipios conurbados del Estado de México

1.175

517

44,0

Delegaciones de la Ciudad de México

514

200

38,9

Municipio conurbado del Estado de Hidalgo

25

13

52,0

Total

1.714

730

42,6

fuente elaboración propia con datos inegi (2010)

En la figura 3 se observa que no existe un patrón territorial definido en las localidades que practican actividades agropecuarias. Con esto se refuerza la idea de la baja productividad y el carácter de autoconsumo de la producción (Ávila, 2011).

figura 3 | Tipo de actividad agropecuaria por localidad y usos del suelo en la zmvm

fuente elaboración propia con datos inegi (2010)

La diversidad de pequeñas localidades en el suelo no urbano de la zmvm

A partir de una muestra representativa,10 se infiere que existe un 54% de localidades menores de 2.500 habitantes, tipificadas de aquí en adelante como localidades satélite, contra un 46% de localidades dispersas (figura 4). Esta diferenciación parte de considerar las localidades satélite como pequeños asentamientos humanos muy próximos11 a polígonos urbanos mayores en tamaño de población y equipamiento (no necesariamente la cabecera municipal); incluso en uno de cada diez casos ya se localizan dentro del polígono como una colonia más que conforma el asentamiento. Por el contrario, las localidades dispersas son pequeños asentamientos alejados de la urbe dentro de territorios mayoritariamente agrícolas o de bosque, que a su vez presentan una mayor diversidad de características socioterritoriales. Las particularidades encontradas en ambos tipos de localidades se describen a continuación.

Localidades satélite

Como se dijo anteriormente, las localidades satélite son asentamientos menores de 2.500 habitantes asentados dentro de un radio inferior a cuatro kilómetros de un polígono urbano o poblado con más habitantes. A simple vista, parecerían una extensión de dicho conglomerado, como una colonia que limita y vincula, de manera fragmentada, el tejido urbano con el suelo de conservación. Una de las características de esta expansión es la de hacerse a partir de pequeñas localidades que surgen como extensión de asentamientos humanos más grandes o más consolidados. Poco a poco estos pequeños poblados invaden suelo de conservación y van consumiendo el bosque o las zonas de cultivo. Las localidades satélite se densifican a lo largo del tiempo, aunque el paisaje que las rodea es mayoritariamente agrícola o de bosque.

En la figura 4 se observa una concentración de puntos en los polígonos urbanos en el sur y suroriente de la zmvm,12 en comparación con el resto de los municipios, cuyo patrón es más disperso. Por lo general, las localidades satélite de la zmvm se interconectan con otros asentamientos a través de caminos de terracería, calles pavimentadas, y no a través de carreteras estatales.

Si se reduce la escala de análisis espacial, se puede distinguir que las localidades satélite, junto con su proximidad a un espacio urbano con más población y equipamiento, están dentro de un territorio fragmentado, entre espacios de bosque, cultivo o simplemente espacios vacíos sin un uso determinado, además de encontrarse cercanas a otras localidades satélite similares o muy parecidas a ellas. Por lo tanto, tres elementos contextuales las rodean: un polígono urbano, terrenos agrícolas o de bosque, y otras localidades satélite con características similares. Respecto a su estructura morfológica,13 las construcciones o viviendas no tienen un orden definido, lo que les da un carácter disperso y la posibilidad de densificarse en un futuro próximo. Son localidades en proceso de consolidación, por lo que su forma aún no se distingue. Lo que es importante investigar en profundidad es qué características socioterritoriales de estos espacios facilitan el desarrollo de localidades satélite en dichos municipios o delegaciones.

Por otro lado, si se analizan las prácticas agropecuarias dentro de los dos tipos de localidad en la zmvm caracterizados en este trabajo, se puede observar que la menor proporción de localidades con actividad agropecuaria corresponde —como podría esperarse— al tipo satélite (tabla 4). Lo que llama la atención no es el menor valor en comparación con el resto de los asentamientos, sino la existencia de la práctica agropecuaria incluso en espacios cercanos a polígonos urbanos más grandes, lo que manifiesta la yuxtaposición e hibridación del territorio periurbano de la zmvm.

figura 4 | Localidades dispersas y localidades satélite en la zmvm

fuente elaboración propia con base en inegi (2010)

tabla 4 | Actividad agropecuaria por tipo de localidad en el la zmvm (porcentajes)

tipo de localidad

sin actividad agropecuaria

con actividad agropecuaria

total

Satélite

21

33

54

Dispersa

9

37

46

fuente elaboración propia con base en muestreo estadístico y análisis territorial

Otro aspecto importante de considerar se refiere a los valores culturales y comunitarios que se asocian a lo agropecuario en las localidades satélite; sin embargo, para su análisis a una escala menor, se requiere una metodología más focalizada y en profundidad. En esta perspectiva, si 56% de las localidades rurales corresponde a este tipo de poblamiento satelital, y si se le añade que las tasas de crecimiento son superiores a la media metropolitana, se podría inferir que el patrón de expansión está determinado fuertemente por ellas. Lo que habría que revisar junto con esta idea de la expansión de la metrópoli es hasta dónde este tipo de crecimiento de localidades satélite se integra a las formas culturales y comunitarias de las localidades urbanas próximas, y cómo se relacionan socialmente los habitantes de estas localidades satélite con los pobladores de los polígonos urbanos contiguos.

Localidades dispersas

En esta categoría se clasifican todos aquellos asentamientos cuya localización es distante de un polígono urbano,14 y dispersa dentro del suelo de conservación de la metrópoli. Esta característica socioterritorial, en combinación con otros factores, facilita la conformación variada del territorio en cinco subcategorías: las rancherías, las fincas, los pequeños poblados, los desarrollos inmobiliarios y las localidades turísticas.

Cada una de las categorías señaladas presenta particularidades que valdría la pena describir ampliamente; sin embargo, el alcance de este trabajo solo permite una descripción breve de sus principales características, para mostrar la variedad de asentamientos categorizados uniformemente bajo el concepto de rural y cuyas particularidades socioculturales en interacción conforman la dinámica metropolitana.

En primer lugar, las localidades definidas aquí como “rancherías” son el tipo más común dentro del suelo no urbano y del tipo dispersas que se pueden encontrar en la región; son localidades caracterizadas así porque en todas ellas se practica la agricultura o ganadería en diferentes escalas: autoconsumo o comercial. Lo que resalta es que su entorno es completamente agropecuario, es decir, que se ubican dentro de suelo dedicado a la agricultura y actualmente en uso.15 En algunas viviendas de la localidad se observa evidencia de la práctica agropecuaria a través de la presencia de vehículos de alto tonelaje, tractores, uso de solares como graneros, pacas de paja apiladas y corrales, principalmente. Por lo general, tienden a ubicarse sobre planicies o pendientes poco pronunciadas.

figura 5 | Tipo de localidad dispersa en el suelo no urbano de la zmvm

fuente elaboración propia con base en datos muestrales, en donde n=315

El segundo tipo de localidad dispersa identificada es el de “fincas”, asentamientos que se asocian con un tamaño de población pequeño –aproximadamente de doce habitantes– en terrenos grandes tipo hacienda, provistos generalmente de una o dos casas habitación, y con los espacios necesarios para el desarrollo de la actividad agrícola, pecuaria y/o ecuestre. En ocasiones, la finca puede estar rodeada en su parte exterior por otras pequeñas viviendas o construcciones aledañas que pertenecen a la misma localidad. Por lo general las fincas se ubican dentro de un entorno agrícola o de bosque (Tlalpan, Huixquilucan, Amecameca), y en nueve de cada diez casos tienen actividad agropecuaria, ya sea agrícola comercial, ganadera o ecuestre, aunque por lo general es de tipo comercial.

En tercer lugar, se encuentran los conjuntos clasificados como “pequeños poblados”, que son localidades alejadas de cualquier polígono urbano. Su desarrollo es endógeno, y no muestran una relación intensa con la ciudad en cuanto a equipamiento y servicios; su población va de los 400 a los 2.500 habitantes, y en su mayoría tienen actividad agropecuaria. Son localidades formadas antes de la década de los noventa y morfológicamente corresponden a asentamientos compactos, organizados de acuerdo con un esquema de calles, plaza e iglesia.

En el cuarto sitio están los “desarrollos inmobiliarios”, que son el resultado de la especulación de empresas inmobiliarias con el suelo de las orillas de la urbe. Las inmobiliarias compran grandes superficies de terrenos ejidales a bajos costos (Ávila, 2011), y en una porción de ellos construyen viviendas dentro de fraccionamientos privados para la población de bajos ingresos. El municipio otorga equipamiento y servicios, y el resto de los terrenos adquiridos por las empresas aumenta su valor. La ganancia se da por dos vías: por la venta de las viviendas que “hacen que el éxito de la inversión en ellos esté prácticamente asegurado y que el riesgo, si existe, sea mínimo” (López, 2007); y por el aumento del precio de los terrenos que aún no venden y que ya cuentan con servicios y equipamiento. Los costos son transferidos al municipio y a los adquirientes de las viviendas, quienes tendrían que pagar altos costos por el tipo de crédito adquirido (plazos de décadas, por lo general), así como el gasto en transporte hacia los lejanos centros de trabajo. Este fenómeno se detectó principalmente en el nororiente de la zmvm, en las inmediaciones de la carretera libre a Pachuca, principalmente en los municipios de Zumpango y Tecámac en el Estado de México.

Los “conjuntos residenciales” se construyen inicialmente sobre suelo agrícola y posteriormente se realiza el trámite ante el municipio para cambio de uso de suelo a urbano. Esta dinámica está alterando de forma importante el crecimiento natural de la población local, al aumentar significativamente las tasas de crecimiento de una pequeña localidad; por ejemplo, las tasas de crecimiento más altas en la zmvm van de 3,196% a 1,001% en el periodo de 2005 a 2010. De acuerdo con Sánchez (2013), políticos, inmobiliarias y administradoras “crearon conjuntos habitacionales, principalmente en rancherías, que terminaron por convertirse en ciudades fantasma, ya que solo alrededor del 35% de las casas habitación han sido ocupadas, lo que ha dado lugar a problemas de inseguridad”. Esto comprueba la inexistencia de planeación por parte de las autoridades municipales o de los desarrolladores inmobiliarios, y es un claro ejemplo de especulación de suelo.

Este tipo de asentamientos merece una mayor atención, por los riesgos asociados al cambio de uso de suelo, que dará pie al poblamiento y expansión desordenada sobre terrenos poco aptos, por la falta de servicios y equipamiento. A ello se suman desequilibrios en el mercado del suelo y de la vivienda entre la oferta y la demanda, por las jugosas ganancias de la industria inmobiliaria en detrimento de la población de bajos ingresos.

Por último, se identificaron las localidades de tipo “turísticas”, denominadas así gracias a que su ubicación estratégica sobre carreteras y sitios recreativos les permite desarrollar actividades de servicio turístico, como oferta de comida, renta y paseos a caballo, entre otras. Por lo general están dentro de entornos boscosos y no tienen actividad agropecuaria significativa, a excepción de algunos casos en los que generan los propios productos que comercializan u ofrecen a sus clientes. Son localidades con menos de doce viviendas y todas ellas se ubican sobre las carreteras. Lo interesante respecto de estas localidades sería adentrarse en su dinámica cotidiana para documentar las actividades vinculadas con el turismo y, sobre todo, mapear la temporalidad de sus actividades, así como los miembros que participan en ellas.

Hasta aquí se han categorizado16 cinco tipos distintos de pequeñas localidades menores de 2.500 habitantes en la región. Se observa que cada una de ellas presenta ciertas especificidades que la distinguen incluso dentro de la misma categoría; por lo tanto, el calificar de manera generalizada a todos estos pequeños asentamientos como rurales de la zmvm, parece una acción reduccionista y simplista, que no da cuenta de la dinámica compleja que se puede distinguir en la región periurbana de la metrópoli más grande y poblada de México.

Lo que queda oculto bajo el concepto de “rural” en lo metropolitano

En términos generales, lo que se concluye de lo observado es que “lo rural” dentro de un territorio metropolitano parece ser un concepto poco preciso, el cual se maneja y presenta prácticamente siempre de una forma ad hoc en relación con el fenómeno que se quiere analizar o caracterizar. “Se convierte, la mayor parte de las ocasiones, en un adjetivo y no en un término sustantivo” (Paniagua & Hoggart, 2002, p. 61). Con este estudio se plantea la necesidad de un nuevo enfoque y categorías diferenciadas para entender la dinámica periurbana de la zmvm, sobre todo para distinguir la variedad de causas y problemáticas que enfrentan los pequeños asentamientos en sus interrelaciones con lo urbano, y así darles un tratamiento específico desde la planeación y las políticas públicas.

Por un lado, el concepto de “rural” en lo metropolitano está subsumiendo por lo menos tres procesos que se revelaron en este estudio y que merecen ser profundizados posteriormente en otro trabajo. El primero tiene que ver con las condiciones socioeconómicas de las localidades menores de 2.500 habitantes, en donde se podría analizar si las condiciones del empleo tienden a ser precarias por la lejanía de los centros de trabajo aún centralizados en la metrópoli y su repercusión en los niveles de pobreza y marginación que existen en ellas. Un segundo punto de atención es la persistencia de actividades agropecuarias en el territorio no urbano de la metrópoli, actividades que abarcan el 42,6% de su superficie. Esta práctica agropecuaria cumple con dos objetivos: complementar el consumo de alimentos de las familias de bajos ingresos, y mantener formas culturales que cohesionan la vida de la comunidad o le permiten pertenecer y diferenciarse de lo urbano. Sobre todo vale la pena enfocar el análisis en el complemento del ingreso en su relación con el diseño de las políticas públicas de combate a la pobreza. El tercer punto tiene que ver con la posibilidad subordinada que ofrece el suelo no urbano como un espacio disponible para la expansión de la ciudad, en donde se está gestando de forma latente el crecimiento de pequeños asentamientos que, al consolidarse dentro de algunos años, podrían formar polígonos urbanos más grandes. El cambio de uso de suelo en las orillas metropolitanas es un factor de primer orden que las políticas públicas deberían agendar para contener o regularizar la expansión urbana, así como controlar la relación entre oferta y demanda de vivienda, con miras a frenar la especulación del sector inmobiliario.

Si tres aspectos quedan en el tintero para su posterior estudio, muchas más preguntas surgen a partir de lo que se encontró, sobre todo aquellas que tienen que ver con el proceso de expansión de la metrópoli y las condiciones de vida de la población que habita las pequeñas localidades periurbanas examinadas. Por ejemplo, ¿es real el proceso de urbanización del territorio nacional, o simplemente se están integrando nuevos espacios para transformarlos en periurbanos?; ¿cuál es el papel de los territorios periurbanos dentro del modelo de competitividad urbana?; y sobre todo, ¿cómo se puede categorizar a todos estos diferentes asentamientos de la orilla de la metrópoli?

Consideraciones finales

Para definir lo rural dentro de una región metropolitana, es necesario identificar los objetivos que se plantean y especificar si la clasificación hace referencia a una actividad productiva, a una cuestión cultural, demográfica o territorial, o si refiere a lo ambiental vía la sustentabilidad. Se recomienda, además, bajar la escala de análisis para complementar este estudio y las tipificaciones aquí presentadas; para conocer las prácticas cotidianas y percepción de lo rural y urbano a nivel de los sujetos, las características socioeconómicas y culturales de la población, su percepción e identificación con lo rural, el proceso de conurbación y asentamiento de las localidades, así como el tipo de propiedad de la tierra; y, sobre todo, establecer si aún son de propiedad social.

Aparentemente, al abrir la mirada a una escala regional, se pierden especificidades que aparecen en lo local, y viceversa. Lo interesante es desarrollar metodologías complementarias que permitan una imagen lo más detallada posible de la región, y ofrezcan la posibilidad de bajar la escala y acercarse a los procesos micro que ahí suceden. En este trabajo se intentó incursionar en dos niveles territoriales, el regional y el local, pero aún es posible adentrarse más en las particularidades de los diferentes tipos de localidades para desentrañar sus diferencias.

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1 usgs: Servicio Geológico de los Estados Unidos, por sus siglas en inglés.

2 Real Academia Española de la Lengua, consulta en línea; http://dle.rae.es/?id=ZcqJYVW.

3 La conurbación es definida por el pozmvm (2011, p. 12) como la continuidad física y demográfica que formen o tiendan a formar dos o más centros de población.

4 Ellos incluyen 59 municipios del Estado de México, 16 delegaciones de la Ciudad de México y 1 municipio del Estado de Hidalgo.

5 Principalmente por el Inegi, institución gubernamental encargada del levantamiento, análisis y difusión de datos censales, los cuales son utilizados tanto por agencias gubernamentales nacionales e internacionales como por la academia.

6 La forma en la que se determinó la formación de nuevos asentamientos consistió en identificar en el Censo 2010, todos aquellos asentamientos que no estaban presentes en el censo de 2000 o de 1990. El origen de las localidades está definido por el tipo de localidad al que pertenecen, temática que se abordará en el siguiente apartado.

7 “Los orígenes de la periurbanización están en los países desarrollados, en los que se experimentó el proceso de contraurbanización, especialmente en las metrópolis de Estados Unidos y en algunos países europeos. Sin embargo, a nivel internacional, las causas y fines son distintos: mientras que en los países industrializados el fenómeno obedece a la relocalización espacial de las actividades productivas y al mejoramiento del hábitat y de los espacios para el ocio, en los países pobres, el periurbano se expresa de manera diferente, en su dinámica se interrelacionan fenómenos como la expansión incontrolada de las urbes, las migraciones del campo a las ciudades, el mercado ilegal de tierras y el precarismo urbano, entre otros” (Ávila, 2001, p. 108).

8 Para el caso de Nezahualcóyotl, la densidad poblacional es casi dos terceras partes mayor que en Iztacalco e Iztapalapa, ya que Ciudad Nezahualcóyotl tiene 216 habitantes por hectárea, mientras que Iztacalco tiene 167 e Iztapalapa, 161.

9 Chalco, Valle de Chalco Solidaridad, Ixtapaluca, La Paz, Chimalhuacán, Nezahualcóyotl y Chicoloápan.

10 La muestra fue de 315 localidades de un universo de 1.714 a nivel metropolitano, con intervalo de confianza de 95%.

11 Menor a un radio de 4 kilómetros.

12 Los municipios y delegaciones con una mayor incidencia de localidades satélite son Milpa Alta, Xochimilco, Tlalpan, Chalco, Huixquilucan y Texcoco.

13 La morfología urbana es entendida como el análisis o estudio de la forma del conjunto de edificaciones que, dispuestas con cierto acomodo, estructuran un conglomerado urbano. (Definición propia).

14 Superior a un radio de 4 kilómetros.

15 Al momento de captura de la imagen (usgs, 2015).

16 La categorización obedece al resultado del análisis realizado en este trabajo a partir del cruce de variables socioespaciales: presencia o ausencia de actividades agropecuarias, industriales o de servicios turísticos; así como del análisis del paisaje por fotografías aéreas: morfología de los asentamientos, densidad poblacional, tipo de vivienda, principalmente.

vol 43 | no 130 | septiembre 2017 | pp. 185-206 | artículos | ©EURE

issn impreso 0250-7161 | issn digital 0717-6236

Fernández, P., & de la Vega, S. (2017). ¿Lo rural en lo urbano? Localidades periurbanas en la Zona Metropolitana del Valle de México. Revista EURE - Revista De Estudios Urbano Regionales, 43(130).